viernes, 31 de julio de 2020

La Cripta de los Héroes


Uno de los lugares emblemáticos de la ciudad de Lima, ubicado en la zona denominada “Barrios Altos” es, sin lugar a dudas, el Cementerio Presbítero Maestro, antes denominado “Cementerio General de Lima”, en la cuadra 17 del jirón Ancash. Fue construido entre 1807 y 1808 por el arquitecto, escultor y pintor de origen vasco, Matías Maestro (1766–1835), e inaugurado el 31 de mayo de 1808 durante el gobierno del virrey José Fernando de Abascal. En aquellos días se le llamaba “el panteón de Lima” y fue el primer cementerio de carácter civil en América.

El mencionado camposanto alberga a una de las joyas de la arquitectura republicana: la Cripta de los Héroes. Corría el año de 1906 cuando el Congreso de la República, durante el gobierno del presidente José Pardo y Barreda, dispuso la suma de ocho mil libras para edificar una cripta — tal como rezaba en uno de los artículos del decreto Ley N°398 — en homenaje a los héroes caídos de la “última guerra exterior” (frase que hace alusión a los combatientes muertos en la Guerra del Pacífico). Posteriormente fueron trasladados allí héroes sobrevivientes de dicha guerra. La cripta fue construida bajo las órdenes de los arquitectos Émile Robert y Antonin Mercié, y fue inaugurada en 1908. El edificio Art Nouveau, posee un estilo ecléctico de evidentes reminiscencias neoclásicas y en la parte superior luce una cúpula de grandes dimensiones.

El monumento está rodeado por columnas y ornamentos en las partes superior, inferior y lateral y posee revestimientos interiores en mármol blanco con vetas grises y negras, además de vitrales en las partes superior delantera y posterior y diversos elementos estéticos que en conjunto le dan un aspecto monumental e imponente, propio del estilo neoclásico reinterpretado por los europeos en el siglo XIX, y que llegó al Perú traído por arquitectos, ingenieros y artistas franceses durante el periodo republicano y que contrasta con los estilos de esa época: el neogótico y el neobarroco, recurrentes en los mausoleos y tumbas del Presbítero Maestro.

Dentro de la cripta se aprecian tres niveles (dos de los cuales son subterráneos): el primero, conformado por una sala de ingreso tipo mezannine circular en el primer nivel, en el que se encuentran los sarcófagos de Miguel Grau Seminario y Francisco Bolognesi Cervantes. Este ambiente está revestido en mármol blanco con vetas grises. En los vanos de ingreso y en algunas paredes del edificio se observan placas de mármol con los nombres de hombres, mujeres y niños que participaron y/o prestaron apoyo durante la guerra.

Una escalera lateral conduce al primer nivel subterráneo en el que se encuentra una serie de 234 nichos con los restos de héroes de las diversas campañas y batallas de la Guerra del Pacífico. En la parte central están los restos de Andrés Avelino Cáceres Dorregaray y alrededor se aprecian cinco osarios con restos de soldados caídos en combate en las batallas de Tarapacá y Angamos; Tacna y Arica; San Juan, Chorrillos y Miraflores; Huamachuco y San Pablo. El piso y los nichos son de mármol blanco y vetas grises.

En un segundo nivel subterráneo se ubican 29 sarcófagos, 16 placas y 40 nichos de mármol blanco que contrasta con el mármol negro del piso y paredes, donde yacen Alfonso Ugarte y otros héroes que ofrendaron su vida entre 1879 y 1884. Al ingreso de este nivel hay un sarcófago con los restos del héroe del Cenepa, mayor EP Luis Alberto García Rojas muerto en 1995 como capitán de artillería, y que es considerado el último héroe que ha tenido el Perú, declarado como tal en 2006 por la Ley 28682 y trasladado a la cripta en enero de 2017.

Desde junio de 1999 el cementerio recibió la denominación de “Museo Cementerio Presbítero Maestro” por acuerdo de directorio de la Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana, el Consejo Nacional de Museos (ICOM-PERU) y el entonces Instituto Nacional de Cultura, a fin de valorar, proteger y difundir el patrimonio artístico, arquitectónico e histórico de carácter funerario. Desde entonces la Beneficencia Pública de Lima viene organizando visitas guiadas tanto diurnas como nocturnas en las que se puede conocer y apreciar, además del recorrido por los cuarteles y mausoleos, la Cripta de los Héroes.

No obstante, su valor arquitectónico, la Cripta de los Héroes no solo debe valorarse por ese aspecto sino también por lo que representa históricamente, y es un merecido reconocimiento al valor, entrega y amor por la Patria de héroes y patriotas que lucharon por defender el territorio del Perú.

Fuente: Rosa María Vargas Romero Historiadora/ Crítica de Arte


jueves, 25 de junio de 2020

Miraflores


En la historia, se remonta Miraflores a los antiguos peruanos entre pescadores y recolectores de la zona hasta convertirse en un pueblo gozando de las bondades del mar. Lugar de inmigrantes y ahora más por el turismo, entre las avenidas, callecitas, parques y casonas. Más tarde, Ciudad Heroica, llamada así porque aquí se derramó la sangre peruana de todas las edades frente a un invasor bárbaro y mejor preparado. El Parque Reducto habla que allí se llevó una lucha cruenta y que el vencedor fue el heroísmo y el amor a la Patria. 

¿Y si hablamos del amor? Quince años cuando llegué al nuevo barrio y encontré las diferentes emociones, las féminas de la edad que no se quedan simplemente en la belleza sino en la interminable curiosidad de quién es el que acaba de llegar. Y uno pues, con más imaginación, más travesura que experiencia, cae definitivamente en el qué hablar de ellas y de la interrogante de tus nuevos amigos. Ya Miraflores vivía los años 70 con rapidez, novedad y nuevas emociones. 

La música de los nuevos grupos, "La Av. Larco", "We All Togheter", "Traffic Sound", las fiestas, luces y la Discoteca recién inaugurada (La Miel) nos llevaba a querer saber qué podía haber dentro cuando nos creíamos saberlo todo. Imagino que antaño que la juventud miraflorina, entre la formalidad y elegancia también supieron decir bellas palabras y robar besos más de una vez. Y uno se identifica si es apasionado, algo romántico y admirador de la belleza. Aunque en épocas diferentes el amor de un adolescente y los años que pasa en su juventud no pueden olvidarse de la primera vez que se enamoró y que lo hicieron madurar. 

Y la “patota” no puede olvidarse. Partida de imberbes, futbolistas pendencieros y los adoptados de otros barrios que se identificaban también con el Miraflores alegre, pujante protestando en más de una ocasión  contra lo establecido. 

Recuerdo en aquellos días cuando la Dictadura tomó los diarios de la Nación. Ya nosotros, jóvenes ardidos, con poca noción de política pero inflamados por la deshonra, salimos a protestar. Todos de diferentes lugares pero en un mismo sentir. San Antonio, Ugarriza, Pardo, Marsano congregados todos en la Av. Larco desde el Malecón hasta la Tiendecita Blanca. Y en medio de la protesta, las bombas lacrimógenas que devolvíamos a la policía indiferente nos hacían llorar los ojos. No me había percatado que en medio de todo, vi a mi vecino, seis años mayor que yo pues yo tenía 17, flameando una bandera peruana en la parte de atrás de un jeep improvisado en plena Avenida. 

Sorprendidos y jadeando, entre piedras y vidrios rotos, muchos no caímos presos pero sí la juventud miraflorina se hizo presente. Identificarme con Miraflores, por estas anécdotas, quedan todavía muchas en el tintero. Sólo viví 10 años y meses, pero pareciera mucho más por la intensidad que me impuse o por la magia que atrae este lugar. 

Es cultura, arte que florece, romanticismo y también pobreza en medio de tantos colores distintos. Sin embargo, formaron parte de mí y forma parte hoy porque crecí con él, lloré con él y no le he olvidado nunca. 

Roque Puell López Lavalle

miércoles, 27 de mayo de 2020

Pedro Pablo "Perico" León


Hugo Sotil, "Perico" León y Teófolo Cubillas

Era, un elegido. Uno de esos extraños hombres que nacen una vez cada 50 años y que se dejan llevar a donde sus pasos los guíen. En esa docilidad radica su fantasía: Como son buenos, no importa si son obreros o gerentes. Si son dueños o invitados. Si mandan o gobiernan, que es lo que hacen los futbolistas inmortales como él.

Esos pies con los que jugaba al fútbol llevaron a Pedro Pablo "Perico" León  (1943 - 2020)  primero a los Interbarrios, donde conoció Carlos Enciso Pérez Palma, un periodista notable de la vieja guardia que se tomó con él esa foto de niño que se ha vuelto viral. "Tenía potencia, olfato, gol, todo tenía", dice.Luego al Alianza Lima, donde ganó todo lo que un hincha puede soñar --tres títulos y dos veces goleador--, y luego a la Selección peruana, para fundar una época post- Bombonera 1969 y ver el mundo desde el mismo peldaño en lo que miraba Pelé.  Esos pies --con los que hizo 179 goles en 411 partidos  de carrera-- lo llevaron , luego del retiro, a Estados Unidos. A volver a empezar.

Ahí lo conoció Coco Mártin, fotógrafo peruano radicado en Nueva York, quien captó su mirada en esta imagen; los ojos que nunca envejecen . La fotografía se tomó en Octubre del 2018, durante la procesión del Señor de los Milagros en Paterson, New Jersey, en una parada especial del Cristo para "Perico". "Siempre se ve en el pueblo la fe y la devoción que despierta el Cristo Morado. 


2018, Paterson
Duró unos minutos el tumulto alredeor de "Perico", con personas acercándose a él, procurando que les conceda una foto. Es en este momento de espera, cuando el Cristo empíeza a quedar frente a él, en que su mirada de niño asoma y no puedo más  que intentar retratarlo. Muchos dicen que la mirada es algo que no cambia con los años y pasado los 70 en su caso, la percibí como una mirada inocente, casi como olvidando quién fue, qué hizo o cuán ídolo de varias generaciones llegó a ser". La imagen en blanco y negro de 35 mm tomada por Martín con su cámara de rollo forma parte ya del altar que con justicia tiene Pedro Pablo León en nuestro arco del triunfo. Porque "Perico" perdió la memoria, pero nadie va a olvidarlo y menos, el día de su muerte, acaecida el 9 de Mayo de este año, en Estados Unidos.

Miguel Villegas Morillo 
Fuente: Wikipedia y "Somos".
Foto: Coco Mártin



miércoles, 29 de abril de 2020

El Reloj de Pedro Ruiz Gallo

Monumental obra del inventor e ingeniero peruano Pedro Ruiz Gallo fue el Reloj de la Exposición, cuya construcción le tomo cuatro años y tuvo un costo de mas de 31 mil soles de plata de 9/10 financiado en parte por el Estado y casi con 10 mil soles por el mismo Ruiz Gallo. Fue inaugurado el 6 de diciembre de 1870 a las 12 de la noche y luego se convirtió en una de las principales atracciones de la Exposición de Lima de 1872.

La descripción que hace de esta maravilla de la ingeniería el historiador Jorge Basadre nos dice mucho de la calidad de esta obra: “El reloj estaba constituido por cinco cuerpos. El primero, que era el central, comunicaba el movimiento a todos los demás y daba las horas. El segundo marcaba los cuartos de hora, las medias horas, los minutos y segundos. El tercero señalaba los días, los meses, las cuatro estaciones, los años, los siglos, las fases de la luna y el curso del sol. En el cuarto cuerpo, mediante un engranaje que ponía en movimiento a doce cilindros de cinco metros de largo por dos de ancho, se presentaba —cumplida cada hora del día— un cuadro de la historia del Perú. 

Finalmente, el quinto cuerpo movía un mecanismo para reproducir dos escenas fundamentales: la primera, a las cinco de la mañana, en que se izaba el pabellón nacional; la segunda, a las cinco de la tarde, en que era arriado. En ambas, dos centinelas en miniatura ponían las armas al hombro, mientras un engranaje de campanas dejaba escuchar, con gran sonoridad, el Himno Nacional.

El frontis del reloj medía once metros de altura por dieciséis de ancho, con un espesor de cinco metros. La obra descansaba sobre doce columnas de madera tallada acompañadas por igual número de soportes de hierro y de madera, que hacían de ella un edificio muy sólido.

En los diferentes mecanismos que tenía el reloj, se contaban 5,198 piezas y en el frontis y en los aparatos anexos a las máquinas había 5,578. La construcción duró cerca de seis años y en ella se gastaron 31,334 soles; Ruiz Gallo recibió del Estado solamente la suma de 21,000.
Una balanza reemplaza al péndulo de que hasta hoy se hace uso en la relojería. Dicha balanza, con un registro para regular el movimiento y una compensación para evitar el efecto de los cambios de temperatura, tenía la ventaja de no ocupar el espacio que necesitaría la amplitud de la oscilación de un péndulo. La balanza en vez del péndulo fue invención exclusiva de Ruiz Gallo.
Pero lo más sorprendente en el reloj era el funcionamiento del tambor de la quinta máquina. Cuando marcaba en la esfera horaria las cinco de la tarde, veíase arriar, (como ya se ha indicado), en la parte superior del reloj, el pabellón nacional e inmediatamente presentábanse dos centinelas que hacían con sus armas los honores de ordenanza, al mismo tiempo que el órgano —que era uno de sus mejores ornamentos— dejaba oír el Himno peruano. Al terminar la segunda estrofa, se arriaba automáticamente la enseña, desaparecían los centinelas y el aparato quedaba preparado para repetir sus funciones al día siguiente.
Atrayentes eran también los doce cuadros históricos pintados por el autor para evocar hechos saltantes de la historia patria. Hallaba en ellos el pueblo —en cada hora— la presentación de una escena memorable. El primer cuadro evocaba la fundación del imperio de los Incas. Veíase a Manco Cápac y Mama Ocllo en el cerro de Huanacaure. A la derecha se contemplaba el lago Titicaca de donde vino Manco. A la izquierda se divisaban las montañas y la llanura inculta en que se fundó el Cuzco. En la parte inferior estaban los secuaces y prosélitos del Inca y su ayllu, en el acto de presentarlo como hijo del Sol a la crédula multitud. El segundo cuadro simboliza la grandeza del imperio incaico: Huayna Cápac y el templo del Sol. El tercero evocaba la llegada de los españoles y la expedición hasta Cajamarca. En el cuarto cuadro se podía ver la prisión del Inca Atahualpa y las fuerzas de Pizarro acometiendo a los indios en la plaza de Cajamarca. El quinto cuadro se refería al sitio del Cuzco y a los esfuerzos de Cahuide para defender la fortaleza de Sacsahuamán. Los cuadros 6, 7, 8, 9, 10 y 11 representaban el sacrificio de Túpac Amaru en la plaza del Cuzco, la captura de la Esmeralda, la jura de la Independencia del Perú en Lima el 28 de julio de 1821 y las jornadas de Junín, Ayacucho y del 2 de mayo de 1866 en el Callao. El duodécimo y último cuadro estaba dedicado a la administración de Balta. Aparecía allí el Presidente teniendo ante sí el mapa del Perú para decretar obras públicas y mejoras en todos los departamentos. Había en la misma escena varias alusiones a las artes, las industrias, los caminos y la navegación. Todos estos doce cuadros verificaban una revolución completa durante las veinticuatro horas del día.
Un periódico limeño de la época decía lo siguiente: “Para llevar el señor Ruiz a cabo esa obra necesitaba ser mucho más que un relojero. De lo que menos hay en esa maravilla es de reloj. Allí el hombre ha debido ser astrónomo; músico, constructor de instrumentos musicales, pintor de historia, automatista. No se puede formar una idea sin estar delante de esa inimitable creación del genio de un solo hombre”.
Cerca de diez años permaneció el reloj a la vista del público en la Exposición, entonces el lugar más concurrido de Lima." (Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. Ed. Lima: Editorial Universitaria.)

Laguna en el Parque de la Exposición, Al extremo del lado derecho se puede ver el Reloj de Pedro Ruiz Gallo
 

En lo alto de todo el reloj había un asta de bandera y la estructura estaba pintada de color marfil y sus partes más saltantes estaban doradas a fuego. Debe consignarse que todos los cuadros también habían sido pintados por el mismo Ruiz Gallo.
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Fuentes:
- Ernesto Ascher, Historia del pasado y observaciones del presente
- Blog Política, Economía, Historia de César Vásquez Bazán, El Reloj de Pedro Ruiz Gallo    en la exposición de Lima (http://cavb.blogspot.com/2011/09/el-reloj-de-pedro-ruiz-gallo-en    el.html)
- Obras Públicas, Parque de la Exposición, 1869-1892 - AHML, Biblioteca Municipal de Lima.
















martes, 24 de marzo de 2020

El Castillo Melgar en Punta Negra

Fundado en 1954, a la altura del kilómetro 49 de la Carretera Panamericana Sur, fue construido y decorado con piezas de diferentes casas y casonas de distintas épocas y presenta un solo cuerpo.

Su dueño fue el dirigente aprista Carlos Enrique Melgar, además de abogado penalista, que defendió a los personajes más pintorescos de la Lima de la segunda mitad del siglo XX, como el ladrón Luis D’Unian Dulanto, más conocido como “Tatán”; a la alemana Ingrid Schwend, protagonista de uno de los crímenes más sonados de los años sesenta, el asesinato del Conde Sartorius; y al psiquiatra Segisfredo Luza, quien asesinó al amante de su ex pareja y luego se convirtió en uno de los más connotados operadores de campañas psicosociales de la época.

Melgar fue un empedernido coleccionista de antigüedades. Comparaba todo lo que le ofrecían, especialmente cuando se demolía alguna vieja casona del centro de Lima Colonial o Republicana. De esta manera, no solo fue recolectando muebles u objetos decorativos sino también puertas, rejas, ventanas, balcones, piletas, escaleras y cuanto “retazo” de construcción se trataba. Esa fue la “materia prima” del “Castillo Melgar”. Dentro de la construcción hay carretas, huacos, una nutrida biblioteca, tres bustos de Víctor Raúl Haya de la Torre y dicen el que fuera el primer escritorio del líder y fundador del APRA.

En suma, la construcción combina, sin ninguna simetría con balcones coloniales, pagodas orientales y torres ojivales, además de estar decorada con los objetos más raros y completamente dispares.

Fuente: Sur Chico

lunes, 17 de febrero de 2020

La Independencia silenciada

Olvídense de las figuritas, del Bruño y demás textos escolares que dizque enseñaban cómo fue el proceso de Independencia del Perú…porque he hallado datos históricos quizás desconocidos para muchos y conocido por pocos…

Por ejemplo, en la segunda conferencia entre el general argentino José de San Martín con el golpista general José de la Serna (derrocó al virrey Pezuela en enero de 1821), el primero propuso al español que el Perú sea una monarquía constitucional gobernada por un príncipe de una Casa Real de España, lo cual fue rechazado por La Serna a lo que San Martín advirtió que siendo esa su posición continuará entonces a los criollos peruanos contra España, a lo que el general Jerónimo Valdez respondió que si la causa española no tiene éxito en Lima, promoverían un nuevo Imperio de los Incas y asistirían a los indios a reconstruirlo, e incluso tenían en su Estado Mayor un descendiente directo de los Incas…Dicha conferencia se realizó en la Hacienda Torres Blanca o Punchauca (hoy Carabayllo), en junio de 1821.

Otro sorpresa con que me encontré que la enaltecida Manuelita Sáenz no era una perita en dulce. En 1814 fue secuestrada del convento Santa Catalina de Quito, por un húsar español (claro de mutuo acuerdo) quien luego de unos días la abandonó, así que más que corazón libertario de la “Libertadora del Libertador”, era más bien corazón despechado…Y siguiendo con Manuelita, ésta se casó por conveniencia con el doctor ingles James Thorne en 1817, a quien no hay evidencia que le puso cornamentas de alce, pero la vida social desordenada de la Sáenz daban tela sino manteles para cortar…

Cuando Thorne trajo a Lima a Manuelita hastiado de su conducta, ésta asiste a reuniones subversivas al ser inminente el arribo de la Expedición Libertadora de San Martín…Y adivinen quien la invitó: Rosita Campuzano (la dizque amante de San Martín)…La cosa es que, dicen las malas lenguas, ambas más que patriotas eran cazadoras de emociones y hombres poderosos…pero la apocada entrada de San Martín a Lima desilusionó a Manuelita dejándole el campo libre a Rosita quien medió para que el Libertador le entregara a la quiteña la Orden de las Caballerescas del Sol por su labor por la Emancipación…Rosita decepcionada de lo apagado del general argentino volvió a Quito.

En 1822 hizo su ingreso triunfal en Quito Simón Bolívar y el resto es conocido…

La última: Cuando Bolívar recaló en Huaraz en mayo de 1824 buscando un enfrentamiento directo con el jefe del ejército del norte realista, general José de Canterac, debilitado por la defección de Olañeta en Bolivia, conoció a una hermosa señorita de 18 años llamada Manuelita Madroño, de la cual se prendó tanto que recién salió de Huaraz en agosto de 1824…Los biógrafos del general venezolano aseguran que la damisela huaracina le dio tanta tranquilidad de alma, sosiego de espíritu y recuperó su confianza en si mismo en hora tan difícil (las tropas realistas bordeaban los 18 mil efectivos y las patriotas con las justas llegaban a 8 mil), que prácticamente una de las responsables de la victoria en la Batalla de Junín del 6 de agosto de 1824, fue Manuelita, pero la peruana…

Fuente: “Bolívar”. Indalecio Lévano. 1974
Imagen: Bolívar y Madroño posiblemente. En Undiacomohoyhuaraz.blogspot.pe)
Foto de Pedro José Cama Calderón.

viernes, 31 de enero de 2020

El Monumento a Francisco Pizarro


La estatua dedicada a Francisco Pizarro es una de las pocas que conmemoran a un conquistador español en Hispanoamérica. Desde su inauguración en 1935, ha dado motivo para que se desarrollen intensos debates públicos. Ante distintas presiones, las autoridades municipales han optado, a lo largo de los años, por trasladarla, situándola en tres ubicaciones diferentes.


El Escultor y su obra

Charles Cary Rumsey nació en Búffalo, Nueva York, en 1879. Su padre amasó una apreciable fortuna en los negocios de curtiembres y ferrocarriles. En busca de un destino artístico, el joven Rumsey llegó a París en compañía de sus padres en 1893, donde permaneció dos años como aprendiz del prestigioso escultor estadounidense Paul Weyland Bartlett. Se casó con Mary Harriman, hija de un magnate de los ferrocarriles y filántropo, uno de los hombres más poderosos de los Estados Unidos. Antes y después de su matrimonio la vida de Rumsey estuvo envuelta en permanentes riesgos a causa de la práctica de dos actividades deportivas que le apasionaron: los automóviles y los caballos. La fatalidad le llegaría el 21 de setiembre de 1922, cuando murió en un accidente de tráfico. Está enterrado en el Forest Lawn Cemetery, en Buffalo, Nueva York. Tras su fallecimiento, su viuda continuó difundiendo la fecunda obra artística de Rumsey, además de mantener su dedicación a las labores de asistencia social en su país. En Lima corre una leyenda urbana según la cual la estatua de Pizarro no representa al fundador de la ciudad, sino a Hernán Cortés, el conquistador de México, país al que estaba destinada la obra. Se dice, además, que la infortunada estatua, rechazada por el orgullo mexicano, fue a parar a Lima, que la habría acogido bajo el nombre de Pizarro. Sin embargo, el único conquistador presente en la vasta obra de Rumsey es precisamente Pizarro, cuya escultura realizó y exhibió en varias versiones a partir de 1910, como se detalla a continuación.


El Pizarro de la Albright-Knox Art Gallery, Buffalo, Nueva York (1910). Fue una pieza fundida en 1910 en París, en bronce, con la técnica de la cera perdida, en una sola pieza sin soldadura, por el prestigioso maestro francés Valsuani, fundidor de Renoir, Rodin, Picasso, Gauguin, Dalí y otros. Mide menos de 1.80 metros altura. Donada por el artista y su esposa, actualmente permanece expuesta en el frontis de la Albright-Knox Art Gallery.


El Pizarro de The Panama Pacific International Exposition, San Francisco (1915). En 1915 Rumsey exhibió una gran estatua ecuestre de Pizarro en la Panama Pacific International Exposition de San Francisco, exposición que conmemoraba la apertura del Canal de Panamá. La escultura, de más de 5.70 metros de altura, fue ubicada en el frontis del edificio denominado Tower of Jewels, el más importante de la Exposición, haciendo pareja con la estatua de Hernán Cortés, obra del artista Charles Niehaus. Es posible que de aquí parta la creencia, errada, que asegura que Rumsey inicialmente dedicó su estatua a Hernán Cortes, aunque sí es cierto que existió una similitud de estilos entre ambas, especialmente en los caballos, debido a la influencia de Emmanuel Fremiet, maestro de Rumsey y de Neuhaus.

El Pizarro del Grand Palais, París (1927). El Salón de la Primavera de pintura y escultura abría sus puertas con la presencia de miles de que acudieron a contemplar los más de seis mil trabajos que formaban la muestra. El New York Times aseguraba entonces que «la exposición demuestra nuevamente el continuado liderazgo de Francia en la creación artística». El periódico hacía notar, sin embargo, que la atención de los visitantes se centraba ostensiblemente en el arte estadounidense debido a la extensa colección retrospectiva de las obras del escultor Charles Cary Rumsey, fallecido hacía cinco años. «Su colosal escultura, Pizarro, está ubicada en el centro de la Sala de la Cúpula, en el Grand Palais. Ésta es la primera vez en 30 años que se usa esta sala» indicaba el comentario. Es notorio, siempre según la misma fuente, que una vez terminada la exposición, la estatua se llevaría de París a Trujillo, lugar de nacimiento de Pizarro. Gracias a la noticia publicada en su día en el The New York Times tenemos ahora la certeza de que la estatua que hoy se exhibe en la Plaza Mayor de Trujillo de España fue vista y admirada inicialmente en París.

La estatua de Trujillo (España) (1929). En 1929 se inauguró la mencionada estatua de Pizarro en el atrio de la Iglesia de San Martín, en la Plaza Mayor de Trujillo, donde permanece hasta la actualidad. En el acto estuvieron presentes el presidente del gobierno Miguel Primo de Rivera y, en representación del rey asistieron el príncipe Alfonso de Orléans y la infanta Beatriz. Concurrió también Mr. Hammon, embajador de Estados Unidos. Según el escueto testimonio del enviado y ministro plenipontenciario peruano, Eduardo S. Leguía, quien también fue invitado al evento, la ceremonia «revistió gran solemnidad».

 

La estatua de Pizarro de Lima. En 1934 se embarcó en el puerto de Nueva York la efigie ecuestre de Francisco Pizarro. La estatua había sido realizada por Rumsey en 1910, pero fue fundida por E. Gargani, en Brooklyn, Nueva York, con una técnica aparentemente diferente a la usada para la estatua gemela de Trujillo poco antes de su envío, luego de concluidos los arreglos del donativo entre la viuda del escultor y el representante diplomático del Perú en Washington. Se dijo entonces que la estatua medía 6.60 metros de altura y pesaba 5,850 kilogramos.

La estatua en Lima



La estatua de Pizarro fue inaugurada en Lima el 18 de enero de 1935, como parte de las celebraciones conmemorativas del Cuarto Centenario de la fundación española de la ciudad. En su discurso el alcalde Luis Gallo Porras no pudo menos que elevar a Pizarro a la condición de «figura preclara del héroe y del civilizador». El ministro plenipotenciario español Luis de Avilés y Tiscar pidió respetuosamente las autoridades peruanas que al costado de Pizarro se pusiese una estatua del Inca Garcilaso de la Vega hecha por el escultor Manuel Piqueras Cotolí, que había sido costeada por la colonia española. El embajador de Estados Unidos, Fred Morris Dearing, destacó «la obligación inmensa de todos nuestros pueblos hacia la Madre España, gran colonizadora del Nuevo Mundo».

En 1952, siendo alcalde de Lima Luis Dibós Dammert, se efectuó el traslado de la estatua del atrio de la Catedral a la Plaza Pizarro, solar aledaño a la Plaza de Armas, en el que se demolió una de las casas más antiguas de la ciudad, sobreviviente de la época de la fundación española. No están claros los motivos del traslado, aunque se repite con frecuencia que fue una decisión del presidente de la República, el general Manuel Odría. Pero en los diarios de la época declaraban voces airadas de la oposición por el procedimiento autoritario que se había seguido para decidir el cambio, sin haberse abierto previamente un debate público.


En preparación del inminente traslado, la estatua peregrina de Francisco Pizarro fue bajada de su pedestal, quedando situada a su costado, mientras que el tráfico de tranvías se detenía durante media hora y los transeúntes observaban las grúas y el desmontaje con curiosidad. Luego de permanecer descabalgada más de tres semanas, el 26 de julio la estatua del conquistador fue llevada hasta la Plaza Pizarro, ante la mirada atenta de más de un millar de personas que la acompañaron durante hora y media, en lenta procesión. El nuevo emplazamiento fue inaugurado el 28 de julio de 1952, en lo que podríamos considerar una celebración contradictoria del Día de la Independencia.

En 1968 se promovió la idea de trasladar la estatua de su ubicación en la Plaza Pizarro al patio de Palacio de Gobierno, y en 1972 surgió una iniciativa para moverla al distrito del Rímac, en la margen derecha del río, aunque ninguna de ellas se llegó a cumplir.


Durante largo tiempo, el arquitecto Santiago Agurto Calvo lideró con empeño y perseverancia la corriente que buscaba quitar la estatua de su plaza. En un artículo de 1991 fijaba claramente su posición, que se puede resumir en los siguientes argumentos: el monumento era lesivo a la peruanidad; fue creado para la patria del conquistador pero no tenía cabida en la tierra de los conquistados; representaba a Pizarro el conquistador; fue motivado por la alienación, egoísmo y plutocratismo de los gobernantes y por la pasividad, desorientación y acomplejamiento de los gobernados.

Sobre esta base Agurto proponía cambiar el emplazamiento de la estatua de Pizarro como un hecho simbólico, para establecer una nueva escala de valores y gestar una nueva cultura nacional y reemplazarla por una nueva imagen del Pizarro fundador de la ciudad de Lima, en lugar de la del conquistador del Perú, a la manera del monumento que con esas características se exhibe en la ciudad de Piura. La causa de Agurto se fortalecería a partir de su elección como regidor municipal en el Concejo Provincial de Lima y en 1997 lograría obtener la sanción preceptiva para la remoción de la estatua de la Plaza Pizarro, aunque la mudanza tardaría todavía unos años en hacerse efectiva.

Un curioso acto se realizó en 2001, el 24 de junio, día del solsticio de invierno en el sur, día del Campesino y fiesta del Sol entre los Incas, cuando la estatua de Pizarro fue objeto de una intervención pública al cubrírsela con una tela estampada con motivos de la arquitectura incaica. La acción simbólica del artista Juan Javier Salazar no tuvo el impacto que muchos hubiesen esperado en la población y pasó casi desapercibida.


El monumento retirado  de la Plaza del mismo nombre

Por fin llegó el día del segundo traslado de la estatua. El sábado 26 de abril de 2003, al filo de la medianoche, fue retirada sorpresivamente de la Plaza Pizarro. Ese día por la tarde habían estado ahí el arquitecto Agurto y el alcalde Luis Castañeda Lossio, quien, sin duda influido por Agurto, debió percibirlo como la oportunidad para ganarse a una parte importante de la población.

También en esa ocasión se procedió al traslado sin iniciar previamente un debate público y sin convocar la opinión de la ciudadanía. Ya con el hecho consumado, los medios de comunicación publicaron numerosas notas y declaraciones de especialistas y de sectores diversos de la sociedad que reflejaban las posiciones enfrentadas e irreconciliables de quienes estaban a favor o en contra de la acción de la autoridad municipal. Sin embargo, el impacto de la polémica no llegó a movilizar significativamente a la población a pesar de la importancia del espacio público involucrado y del simbolismo del personaje. Luego de permanecer almacenada en un depósito municipal, la estatua fue instalada el 19 de octubre de 2004 en un extremo del nuevo Parque de la Muralla, en el centro histórico de Lima, a orillas de río Rímac. La efigie se ubicó casi al ras del suelo, prescindiendo de su imponente pedestal original, y sin que apareciesen las placas laterales de bronce. Esta es finalmente su ubicación actual. ¿La veremos en algún nuevo lugar pronto?


El monumento en el Parque de la Muralla

Fuente y referencias:

- Rafael Varón Gabai, La Estatua de Francisco Pizarro en Lima. Historia e Identidad   Nacional, 2006, 
- Fundación Telefónica.
- Revista de Indias, La estatua de Francisco Pizarro en Lima. Historia e identidad nacional


lunes, 30 de diciembre de 2019

El héroe que quedó en el olvido




Fernando Lores Tenazoa

(Iquitos, 27/4/!906 - Güepi, 26/3/1933) Han pasado 86 años de la Batalla de Güeppi en la que un chico de 26 años llamado Fernando Lores Tenazoa murió junto a otros de sus compañeros que estaban bajo su mando.

Las cañoneras colombianas Santa Martha y Cartagena, que controlaban el Putumayo, la madrugada del 26 de marzo se acercaban a nuestra pequeña guarnición de Güeppi para capturarla. El capitán peruano, en cumplimiento de órdenes recibidas desde Iquitos con anterioridad, dispuso que se produjera un repliegue por la trocha que llegaba hasta Pantoja en el Río Napo, lo cual se llevó a la práctica. Sin embargo, también encargó a Lores que con su grupo de nueve subalternos (a quienes él llamaba “mis tenazoas”) cumplieran la tarea de “cubrir la retirada”, es decir que se colocarán atrás, en la retaguardia, para distraer a los marineros colombianos mientras el grueso de nuestra tropa avanzaba hacia el Napo.

Sin embargo, lo que hizo Lores no fue replegarse, sino que se quedó con sus “tenazoas” a orillas del Putumayo buscando impedir el desembarco de las tropas enemigas. Debe haber sido un espectáculo digno de una película ver a estos diez jóvenes treparse a los árboles, disparar y de inmediato bajar para correr un trecho, subirse a otro árbol, disparar, bajar, correr, subir, disparar, bajar, correr, subir, dando la sensación a los atacantes que no eran diez sino mucha gente que les disparaba desde los árboles.

De esta manera, nuestros combatientes fueron cayendo uno a uno. Ellos son Alfredo Vargas Guerra, Alberto Reyes Gamarra, Reynaldo Bartra Díaz, Pascual Gómez López y otros cinco combatientes más cuyos nombres no están al alcance hasta ahora. No recuerdo bien cuál de los cuatro nombrados (creo que fue Vargas Guerra), estando trepado en un árbol, al darse cuenta que había sido alcanzado por las balas enemigas, se lanzó al río con su arma en las manos muriendo ahogado.

Lores y sus “tenazoas” no estaban cubriendo la retirada. Estaban defendiendo el suelo patrio. En su mente estaba la idea de que, si bien no podían evitar que las botas extranjeras capturen suelo patrio, lo mínimo que debían hacer era morir combatiendo y no replegarse.

No rendirse, sin embargo era una decisión absurda y resultaba una opción sin ningún beneficio práctico, ya que de ninguna manera se podía impedir la pérdida de Arica o de Güeppi. La razón exigía rendirse en Arica y replegarse en Güeppi. Era lo lógico y lo razonable rendirse o replegarse.

En el medio siglo transcurrido entre Arica y Güeppi la gloria de nuestros defensores había crecido gigantescamente. Nuestro Fernando había servido en el Ejército en su estada en Lima y allí obtuvo el grado de sargento segundo. Al producirse la Guerra del Putumayo volvió a enrolarse.

Dejemos a Cecilia Flores, su novia eterna, que hace pocos años pasó a la gloria cargada de recuerdos imborrables, nos cuente lo que ella recogió sobre los últimos momentos de nuestro héroe en Güeppi: "Al desembarcar, los colombianos en Güeppi lo encontraron moribundo tendido a orillas del río. El capitán médico se le acercó. Al reconocerlo, Fernando lo escupió y enseguida lanzó su último suspiro". Cecilia Flores solía repetirnos de memoria la frase escrita posteriormente por este médico colombiano: “Mucho hubiera querido conocer el nombre de este valeroso soldado que es digno de un canto homérico”.

Wikipedia

viernes, 29 de noviembre de 2019

Los indígenas peruanos en aislamiento voluntario se dejan ver

Unos 100 miembros de la etnia ‘mashco piro’ fueron filmados en un puesto de control de la reserva territorial Madre de Dios, al sur del país

JACQUELINE FOWKS Lima 21 AGO 2013 - 00:01 CET7


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Los mashco piro son uno de los 15 pueblos indígenas en aislamiento voluntario en el Perú. Se comunican en la lengua yine, no están inmunizados y se desplazan como nómadas en el área de una reserva territorial creada expresamente para ellos. Casi nunca se dejan ver, pero ahora han llegado hasta un punto de control en la comunidad que colinda (Monte Salvado) donde fueron filmados, asegura Klaus Quicque, presidente de la Federación Nativa del río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad). “Queremos proteger a esos hermanos y preservar sus derechos, porque el gobierno no asume su responsabilidad”, dice.

La zona donde ocurrió el encuentro con los mashco piro es la cuenca del río Las Piedras en la selva sur del país. Desde Puerto Maldonado, capital de Madre de Dios, lleva tres o cuatro días llegar en lancha. Según el presidente de Fenamad, eran unos 100 indígenas. Se comunicaron en yine con un agente de protección de la reserva, quien los persuadió de no cruzar el río, y pidieron plátano y soja. “Son pueblos que viven en un gran espacio de tala y concesiones forestales que colinda con la reserva, pero también es una ruta de tránsito de actividades ilícitas hacia Bolivia y Brasil”, explica Quicque, que cree que los mashco piro se sienten presionados.

Perú cuenta con cinco reservas territoriales para proteger a pueblos en aislamiento voluntario. Es uno de los siete países de Sudamérica con este tipo de población, sin contacto con colonos ni otras comunidades. “Vamos a tomar acciones legales, nada de paros, porque el Ministerio de Cultura no está cumpliendo su función [de protegerlos]: han despedido al viceministro de Interculturalidad por opinar a favor de la reserva territorial nahua-nanti”, comentó el dirigente.

Un antropólogo que realizó un trabajo de campo en 2009 en la zona opina que los mashco piro podrían no estar sufriendo la presión de las actividades –lícitas o no– , sino que podría tratarse de que siguen avanzando en el territorio. Asegura que este año ha habido más encuentros con indígenas voluntariamente aislados que en años anteriores y que el problema real es que en las comunidades aledañas no hay campañas de salud para evitar enfermedades que eventualmente podrían transmitir a los indígenas. “¿Qué les pasaría si se acercaran a alguien que tiene gripe?”, dijo el antropólogo, aludiendo tácitamente a los miles de indígenas muertos en el pasado por falta de defensas tras el contacto con trabajadores del caucho e hidrocarburos.

La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) es la institución que agrupa a más del 60 % de federaciones y organizaciones de población amazónica. Isrrail Aquise, experto de Aidesep en pueblos aislados voluntariamente, destaca la importancia de la filmación: “es una prueba contundente donde se visibiliza a los invisibilizados, que para el gobierno pasado no existían”

Compilado

martes, 22 de octubre de 2019

Carlos Baca - Flor

Autoretrato
Nació en el Distrito de Islay, Provincia de Islay, departamento de Arequipa, el 11 de junio de 1867, murió en París el 20 de febrero de 1941. Antes de cumplir un año, se trasladó con su familia a Santiago de Chile donde además cursó sus estudios. En 1882, ingresó a la Academia de Bellas Artes de Santiago, La versatilidad que adquirió no solo en pintura sino también en escultura, le consiguió el primer premio en los concursos de bustos y estatuas (1883), una medalla especial por dibujos, la medalla de oro (1885) y un primer premio (1886).

En 1886, obtiene el primer puesto en una exposición de la academia por La vocación natural. Esta distinción, sumada a las anteriores, le consiguió, a los 18 años, el Premio Roma, que le otorgaba una pensión por cinco años en la capital italiana. Sin embargo, no aceptó el premio chileno por motivos de su lealtad al Perú, ya que después de la Guerra del Pacífico, ambos países mantenían tensas relaciones y el aceptar el galardón hubiera sido visto como una nacionalización chilena, donde Baca-Flor contesta con voz clara y grave "No, mi patria pasa la desgracia de fracasar en una guerra y la patria es como una madre, uno no puede traicionar a su madre. Prefiero no recibir el premio". Acto seguido se retiró de la ceremonia. Esta actitud le granjeó las simpatías del ministro plenipotenciario peruano en Chile, Carlos M. Elías de la Quintana, quien informó a su gobierno, consiguiéndose que el presidente Andrés A. Cáceres lo invitara a Lima y le otorgará una pensión igual a la del Premio Roma.

A mediados de 1887 llegó con su madre a Lima e ingresó al círculo de la familia del presidente Cáceres y de sus amigos en el que cultivaba la poesía, la música y las artes plásticas. En Lima pintó los retratos de la familia presidencial e instaló un taller cedido por Ricardo Palma (actual Archivo Nacional). Además, realizó varios retratos que se encuentran en el Club Nacional, el antiguo Senado de la República y en el Banco Central de Reserva. En la capital peruana mantuvo amistad con el científico Scipión E. Llona Gastañeta, el pintor Luis Astete y Concha, el músico José María Valle Riestra y Pedro López Aliaga.

El Congreso peruano votó con fecha 2 de agosto de 1889 una pensión para que fuera a perfeccionarse a Europa. Viajó el 6 de febrero de 1890 para ya no volver al Perú".

Fuente: Historias Fotográficas del Perú y del Mundo

lunes, 30 de septiembre de 2019

Medio siglo de gloria


Gol de "Cachito" Ramírez en la Bombonera

Hace 50 años Perú empató 2 – 2 con Argentina en la Bombonera y clasificó a su primer mundial (México 70) por mérito propio. Nunca antes la Albiceleste había quedado fuera de la Copa del Mundo. ¿Quiénes fueron los protagonistas de la mítica hazaña? Así era la selección en 1969.

Del partido se podría escribir un libro. Así de trascendente fue. Para los argentinos, en una pesadilla quieren recordar nunca, aunque igual lo hacen. Para los peruanos, uno de los días más gloriosos en la historia de nuestro fútbol. Resumir en éstas páginas el 2 – 2 no es fácil. Por eso elegí tres protagonistas en quienes se encuentra la pulpa de una proeza quizá irrepetible.

El Príncipe Etíope


Waldir Pereira "Didí"

Los brasileños decían así según las crónicas, a Waldir Pereira “Didí” por su elegancia al vestir dentro y fuera de la cancha. Fue el entrenador de la Selección peruana que eliminó a Argentina en la Bombonera, pero más se le recuerda por su pasado como futbolista: Ganó dos mundiales con Brasil (Suecia 1958 y Chile 1962). Por cosas de la vida, su carrera de entrenador empezó en Sporting Cristal. No lo hizo mal. En 1968, Teófilo Salinas, entonces presidente de la llamada Confederación Peruana de Fútbol (Hoy FPF), se decidió por él.

Cuentan los futbolistas, que no era un gran técnico –aunque posiblemente vimos al Perú más vistoso-, pero si un gran motivador. Roberto Chale lo recuerda así: “Didí no era un estratega, pero nos decía que éramos los mejores futbolistas del mundo y le creíamos”. Si clasificábamos a México 70 esa tarde en la Bombonera, fue, en parte, por dos momentos pensados por él. Primero: Antes de saltar al campo, llevó los jugadores a un costado y sacó un frasco llenos de huayruros. “Con esto nunca he perdido”, dijo. “Hicimos un puño alrededor de las semillas y nos arengamos”, comentó Chumpitaz. Segundo: Pidió que le dieran una tijera a “Perico León”, quien desgarró su short. “Si en los primeros 20 minutos el partido está complicado, te lo rompes y te lo sacas. Así enfriamos el juego”. Sucedió tal cual. “Didí” También fue el único que confiaba en Oswaldo “Cachito” Ramírez, lo que nos lleva a hablar del siguiente protagonista de este relato.

El velocista imperfecto

No iba a jugar. Era Alberto Gallardo, puntero derecho. Pero “Didí” a pesar que el tipó era rápido e imparable tenía un problema: No sabía definir. “En una concentración, se me acercó y me dijo que tenía que aprender a definir. Me mostró algunos movimientos en el área y en ese momento mi carrera cambió”. Si un jugador que hace 100 m. en 10 segundos le enseñas a meter goles, es un delantero peligrosísimo. El “Jet” como le decía a Gallardo como le decían, se lesionó y Ramírez con solo 22 años, fue el elegido para reemplazarlo.

El partido

Corría el minuto 64, eludió al guardameta con un amague y remató cruzado. Perú entonces se adelantó al marcador. Ya se podía oler lo que sucedería después: Argentina que daría eliminada del Mundial. Algo que nunca antes sucedió y hay pocas posibilidades de que se repita. “Cachito” volvió a anotar en el minuto 83. Dejó así su nombre en los libros de historia.

Un maestro de la distracción

Cuando el partido estaba picante, con opciones para ambos equipos, Roberto Chale no tuvo mejor idea que “sacar de partido” –como se dice coloquialmente- a los argentinos. Quería desconcertarlos, provocar su peor lado, que se olvidaran de la pelota y se sintieran frustrados. Juan Carlos Rulli fue su víctima. Faltando minutos para que finalizara el primer tiempo, Chale tomó el balón con sus dos manos y lo golpeó contra la cabeza del volante local. No fue un trompazo, pero genero indignación en la cancha y en la tribuna. Por poco y el césped de la Bombonera se convierte en un ring de boxeo.

“En un lateral, Rulli me dio una patadita, pero por amistad. Yo le devolví el favor con la pelota en la cabeza. También le dije: No pueden con nosotros: En el segundo tiempo le damos”. Así fue. Un detalle no menor: El árbitro no chileno –Hormazábal- anuló un gol de Brindis en los segundos finales., impidiendo así el 3 – 2. Perú clasificó al mundial. El primero por méritos propios. El Aeropuerto Jorge Chávez, nunca estuvo tan lleno como cuando ellos regresaron.
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Compilado

Fuente: Revista “Somos” 1706, del Comercio, Lima Perú. 2019.