domingo, 4 de agosto de 2019

El mítico gol de Perico cumple 50 años


Lima, Domingo 3 de agosto de 1969. El Perú vivía por entonces los efectos de las reformas del casi recién inaugurado “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas”, presidido por el general Juan Velasco Alvarado, escuchábamos a los Beatles, los televisores de moda eran los de marca Philco, los programas más populares, “La Tremenda Corte” y “Haga negocio con Kiko”; en la radio “Radioperiódico El Mundo” acaparaba el primer lugar de sintonía;y los jóvenes escuchaban las radios "Atalaya","América" y "Miraflores, los escolares vestían los uniformes “comando” y “cadete” y el joven escritor Mario Vargas Llosa era voceado para obtener el premio Nobel de Literatura.

En este ambiente, la selección peruana de fútbol se planteaba el duro reto para clasificar al Mundial de fútbol que se realizaría en México el año siguiente, enfrentando a Argentina. Para la cita mexicana, el fútbol de Sudamérica se dividió en tres grupos. Argentina fue cabeza de un grupo que completaban Perú y Bolivia y que clasificaba al ganador al Mundial Argentina, campeón entonces de once torneos sudamericanos había sido considerada durante mucho tiempo como una de las selecciones con el fútbol más técnico de Sudamérica sólo había dejado de participar en tres Copas del Mundo –1938, 1950 y 1954 por motivos políticos y financieros. Perú por su parte tenía una sola participación como invitado, casi cuarenta años atrás, en 1930, siendo Uruguay el país anfitrión.

Los argentinos venían de perder 3-1 en la altura de La Paz lo que motivó la renuncia del entrenador Pizzutti (que había tomado las riendas del DT anterior Maschio) y posteriormente Adolfo Pedernera fue llamado para tomar la dirección del equipo argentino de regreso a Buenos Aires.

Bajo la dirección del técnico brasileño Waldir Pereira "Didí", Perú se presentaba como una incógnita. La táctica estaba definida a través de las características de cada uno de los que componían el equipo: Rubiños, Eloy Campos, La Torre, Chumpitaz y Fuentes; Mifflin y Challe; Baylón, “Perico” León, Cubillas y Gallardo. Estos nombres no habían variado mucho en los últimos años.
Ese día, Perú formó con Luis Rubiños, Pedro Gonzáles, Orlando La Torre, Héctor Chumpitaz y Nicolás Fuentes; Roberto Challe y Ramón Mifflin; Julio Baylón, Pedro “Perico” León, Teófilo Cubillas y Alberto Gallardo.
El partido se jugó a estadio lleno y contó con pocas oportunidades de gol. Perú demostró que bajo el comando de Didí, había mejorado considerablemente el estado físico de los jugadores, lo que les permitía jugar casi todo el partido al mismo ritmo aun así, hubo ciertas debilidades que Argentina no pudo explotar porque su equipo, según la exacta definición de un cronista bonaerense, más que una selección, era una recolección de jugadores.

La defensa peruana era fuerte y los mediocampistas se entendían muy bien en el cual mostraban todo su virtuosismo técnico elegante. Era excepcionalmente rápida quizás la más rápida del fútbol peruano hasta ese entonces pero todos salvo Gallardo, que a veces incurría a la indecisión, cometían el defecto del excesivo individualismo, el más notorio era el de Julio Baylón, que se excedía con frecuencia a lo que los ingleses llamaban #dribbling”, los argentinos, “gambeta”, y lo que los peruanos por ese entonces llamábamos “cabreo”.
LLEGA El partido se mantuvo cerrado hasta el minuto 52’ Héctor Chumpitaz, el capitán peruano sale jugando la pelota desde su área defensiva hacia su izquierda levanta la cabeza y lanza un pelotazo hacia el área argentina, Pedro “Perico” León deja correr el balón entre Silvio Marzolini y Alfio “Coco” Basile (que luego fue expulsado), y toca la pelota con el empeine magistralmente por encima de su cabeza del arquero Mario Agustín Cejas, un gol de gran calidad e histórico. En la transmisión en directo del Canal 9 ese día, en la secuencia del gol, y puesto que el “sombrero” de Perico fue muy alto, el balón “se salió de la pantalla”, a raíz de que los camarógrafos no tenían la experiencia del caso segundos pasaron viendo la pelota en el aire sin ver a cejas ni el arco, luego bajaron la cámara y la pelota divisando como la pelota (de color cuero, marca “Player”), ingresaba al arco, lentamente dando botes.

Durante la investigación del libro “Mundialistas” el periodista Mario 'Tigre' Fernández le acercó las fotos al capitán Héctor Chumpitaz y lo metió en una máquina del tiempo, lo trasladó a la tarde de 1969. "Viendo esta secuencia del gol de “Perico” al arquero Cejas solo me cabe decir que en Pedro Pablo vi al mejor '9' de toda mi vida. Habilidoso, muy vivo para sacarse marcas de encima, “mataba” la pelota con el pecho y tenía tiempo hasta de abrocharse el botón de la camisa, cabeceaba perfecto, remataba con los dos pies y era dueño de una técnica completa, recuerda 'Chumpi'.

Aquí comienzan las distintas versiones, ninguna tan certera como la que narra Chumpitaz, se ha dicho que “Perico” controló el pase con el pecho, pero no "No la 'mató' con el pecho sino que la hizo discurrir hacia adelante porque tenía casi pegado a Basile y llegaba Marzolini",

Otro mito se termina con el relato del gran capitán “Perico” no le rompió el arco al argentino Cejas, al contrario, expuso otra de sus mejores cualidades "En segundos tenía a Cejas delante de él para sombrearle la pelota que entró lentamente. Sonreí mucho cuando “Perico” contó una vez en en la televisión que él quería soplar la pelota para que ingresara al arco, ya que entró tan despacito que casi le da un ataque" recuerda con una sonrisa el gran capitán Héctor Chumpitaz.

El Perú-Argentina se transmitió en directo a través del antiguo canal 9 con los relatos de Eduardo San Román, El Canal 9, era por entonces, una de las pocas señales de televisión que llegaba con nitidez a ciudades del interior y por eso se formó el “Circuito 4-9 con el antiguo canal 4 hoy América TV para tratar de transmitir a la mayoría de la población y no solo a la capital y sus alrededores.
El gol de “Perico” León fue repetido varias veces durante ese día, en la emisión del Noticiero “Bata Rimac” y en la noche por el 9 y por el noticiero “Conchán” del canal 4. Lamentablemente, la filmación de este significativo gol parece haberse perdido para siempre. Ante el cierre del Canal 9 (1970) y al tener que desocupar inmediatamente el local se perdieron muchos archivos en “video tape”, sistema de grabación que se utilizaba en ese tiempo.
Aun así nos quedan estas imágenes en la retina de los que tuvimos la suerte de ver ese partido en el estadio nacional o en la televisión que fue el primer gran paso para lograr la ansiada clasificación a la copa del mundo México 70. A los jóvenes les comento que esto no es leyenda ¡YO LO VIVÍ !

Fuentes:
Revista "Somos” Diario “El Comercio
Arkiv Perú
Libro "Goles con Historia " de Teodoro Salazar Carnaval

martes, 30 de julio de 2019

El Cóndor pasa


El cóndor pasa… es una zarzuela peruana, cuya música fue realizada por el compositor peruano Daniel Alomía Robles en 1913 y cuyo libreto es obra de Julio de La Paz (seudónimo del dramaturgo limeño Julio Baudouin).

Historia

Fue estrenada el 19 de diciembre de 1913 en el Teatro Mazzi de Lima. El arreglo para piano de la melodía más conocida de esta obra fue registrada legalmente el 3 de mayo de 1933, por la Edward B. Marks Music Corp. en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, con el número 9643.

Esta zarzuela está escrita en prosa y consta de un acto y dos cuadros. El Colectivo Cultural Centenario El Cóndor Pasa, en julio del 2013, reeditó el libreto original el cual estuvo perdido mucho tiempo, acompañado de un CD donde se encuentran grabados los diálogos y las 7 partes musicales. La música fue reconstruida a partir de la partitura original escrita y compuesta por el autor, por el musicólogo Luis Salazar Mejía con la colaboración de los músicos Daniel Dorival y Claude Ferrier. Fue reestrenada los días 14, 15 y 16 de noviembre de 2013, en el Teatro UNI de Lima, celebrando su primer centenario. Estos trabajos (incluido el reestreno de la zarzuela), fue posible gracias al esfuerzo Salazar Mejía y al gestor cultural Mario Cerrón Fetta, quienes no contaron con ayuda alguna, ni pública ni privada.

Esta zarzuela incluye entre sus 7 partes musicales la famosa melodía homónima basada en la música tradicional andina del Perú, donde fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en el año 2004. Se calcula que existen más de 4000 versiones y 300 letras, alrededor del mundo. El pasacalle y la cashua, no tiene letra original. Todas las letras existentes del pasacalle y la cashua, en todos los idiomas, han de considerarse apócrifas. Este tema es considerado el segundo Himno Nacional del Perú.

Personajes

Mr. King (Barítono), dueño de la mina.
Mr. Cup, dueño de la mina.
María (Soprano), esposa de Higinio.
Higinio, esposo de María.
Frank, hijo de María (Tenor).
Juanacha, novia de Ruperto.
Ruperto, novio de Juanacha.
Félix, minero.
Tiburcio, minero.
Madrina.
Padrino.

Argumento

La acción transcurre en los albores del siglo XX, en el asentamiento minero Yápac en los andes peruanos.

Cuadro primero

Comienza la primera escena con el Preludio. Aún no amanece y los mineros del Yápac se dirigen a sus labores. Un coro de hombres interpreta una canción lastimera (En la nieve de las cumbres...). Termina el canto y algunos mineros se rezagan al oír la quena del pastor, con admiración lo ven perderse entre las nubes que rodean las cumbres y envidian su libertad. Frank es un joven minero hijo de María, esposa del capataz Higinio, que no acepta los abusos a los que los que él y sus compañeros son sometido por parte de los dueños de la mina. “Algo me dice que la vida no es así”, piensa. Sin embargo otros mineros lo tildan de ingrato y traidor.

En la segunda escena Ruperto juega a perseguir a Juanacha, (dos pastores) pues se van a casar y aparecen en escena. Al final de la escena todos se van salvo Frank, quien interpreta un yaraví melancólico reflexionando sobre su identidad, su apariencia (tiene el cabello rubio) y sus sentimientos (Pobre alma prisionera...).

En la tercera escena entran Mr. King y Mr. Cup conversando y divisan a Frank sentado en una peña fuera del socavón. Mr. King interpela a Frank y le hace entrar a la mina tras un breve altercado. Mr. King y Cup continúan su diálogo.

En la cuarta escena, Mr. King hace salir del socavón a los cuatro mineros mediante disparos. Pregunta brevemente por el avance y les hace regresar. Crece la tensión entre Frank y Mr. King. Entra María a escena agitada por el camino, trayendo licor para Mr. King. Hablan sobre Frank y María busca interceder por su hijo. Se revela que Mr. King es el padre biológico de Frank. Cantan juntos María y Mr. King (Perdónalo, taita...) y finalmente Mr. King accede a no escarmentar al muchacho, convencido por la pasión que siente por María. Se van juntos, luego Higinio sale del socavón, rabioso reconoce su encono hacia los patrones y urde su venganza.

Cuadro segundo

En las afueras de la mina, se celebra un baile en honor a la boda de Ruperto y Juanacha a realizarse en el pueblo, suena una cachua. Durante la celebración el cielo se oscurece; pronto empezará una tormenta y los jóvenes no podrán llegar al pueblo para su matrimonio.

Todos ruegan a la virgen cantando (Dulce reina de las cumbres...) y milagrosamente el sol vuelve a brillar; novios y amigos parten danzando rumbo al pueblo, excepto los mineros que no pueden dejar el trabajo (Pasacalle).

En la fiesta Mr. King ha bebido demasiado y maltrata cruelmente a Higinio. El marido burlado sigue al yanqui cuando este se retira y al llegar a una quebrada hace rodar una enorme roca sobre él. Mr. King muere aplastado. Un pastor ha sido testigo del horrible homicidio y lo cuenta a los otros mineros. Higinio lo admite todo, María llora desconsolada por la muerte de su amante y los mineros asustados por las represalias temen por sus vidas. El otro dueño de la mina, Mr. Cup, llega revolver en mano buscando al asesino, Frank se le enfrenta defendiendo a Higinio y sus compañeros, y le da muerte. Ante estos hechos todos se llenan de horror. La aparición de un cóndor, el primero después de muchos años, es vista como el presagio de una nueva vida de libertad y les llena de esperanza. “Todos somos cóndores”, gritan con alegría los mineros.

Números musicales
La obra incluye siete piezas musicales, cuatro de ellas cantadas y tres instrumentales. Las melodías más conocidas corresponden a las dos instrumentales del cuadro segundo, interpretadas en su primera escena: La cachua (danza similar al huaino) del baile de bodas, y un pasacalle que sigue tras la plegaria a la Virgen.

Cuadro primero

Preludio
Coro de hombres (En la nieve de las cumbres...)
Yaraví de Frank (Pobre alma prisionera...)
Dúo de María y Mr. King (Perdónalo taita...)

Cuadro segundo

Baile (cashua)
Plegaria a la Virgen (Dulce reina de las cumbres...)
Pasacalle

Versiones y adaptaciones

La única versión original de la zarzuela ha sido reconstruida y registrada en 2013 por la asociación Colectivo Cultural Centenario El Cóndor Pasa. Las piezas han sido escritas para orquesta y no para instrumentos andinos. Las partes más famosas como el preludio, el desfile y la cachua han sido cubiertas y adaptadas del arreglo de piano que Daniel Alomía Robles vendió a Edward B. Marks Music Corp. en 1933, en Nueva York. Estos están exentos de la cuota de cualquier pago de derechos de autor, debido al tiempo transcurrido. El pasacalle y la cachua han sido ampliamente grabados y difundidos, y en algunos casos se han añadido letras (todas ellas deben ser consideradas apócrifas) y generalmente se han cambiado sus ritmos e instrumentaciones.

Versión de Simon & Garfunkel

En 1965, el músico estadounidense Paul Simon escuchó por primera vez la versión de la melodía de la banda Los Incas en una actuación que tuvo lugar en el Théâtre de l'Est parisiense en la que ambos participaron. Simon le pide a la banda permiso para usarlo en su producción, a lo que la banda responde que es una melodía perteneciente al popular autor peruano con arreglos de Jorge Milchberg (director de Los Incas). Milchberg es presentado como el coautor del arreglo porque agregó dos notas para las cuales cargó regalías. En 1970, el dueto de Simon & Garfunkel cubrió la versión de Los Incas, añadiendo algunas letras en inglés escritas por Simon bajo el nombre de El Cóndor Pasa (If I Could), incluido en el álbum Bridge over Troubled Water. Esta versión alcanzó gran fama internacional. Aunque Daniel Alomía Robles no figuraba en los créditos como escritor, ya que se consideraba como una melodía folclórica andina, solo Simon fue incluido como autor de las letras. Armando Robles Godoy, hijo del compositor y cineasta peruano, posteriormente escribió nuevas letras para la canción, tomando como referencia la versión de Paul Simon.

Otras versiones

El cantante argentino Fernando Lima, realizó una versión balada-folclórica.

La cantante italiana Gigliola Cinquetti cantó una versión del tema con letra en italiano.1

El Grupo folk del músico colombiano Humberto Monroy, "Génesis", versionó la canción en los años 1980.

El renombrado guitarrista y compositor argentino Eduardo Falú también compuso una adaptación de la canción para guitarra solista.

Otras versiones destacadas son las de los guitarristas peruanos Raúl García Zárate, Manuelcha Prado y Mario Orozco Cáceres.

Otra versión es la del grupo chileno Congreso, con letra de su cantante Francisco Sazo.

Existe también una versión del tema cantada por Trini López, otra en chino de Teresa Teng, versiones de cantantes peruanas como Yma Súmac, Rosana y Kesia Rivera con diferentes letras a las ya conocidas; también tiene sus propias versiones cantantes famosos como Plácido Domingo, Celia Cruz, Marc Anthony, José Feliciano o Esther Ofarim.

En 1984 Félix del Rosario de la República Dominicana grabó una versión en tiempo de merengue interpretada por Nick Soul, que fue incluida en el LP "Merengue con clase".

El grupo chileno Illapu grabó una versión instrumental de este tema en su placa "Chungara".

El músico argentino Santiago Molina, hizo una versión para gaita gallega. Interpretada en el Concurso de Gaiteros Solistas Constantino Bellón del año 2009.

Una de las versiones del «El cóndor pasa» fue grabada por el cantante norteamericano Mateo Blanco en el 2009.

Leo Rojas, músico ecuatoriano participante del programa de talentos alemán Das Supertalent, grabó una versión con instrumentos tradicionales en 2012.

Michael Holm también grabó una memorable versión que puede encontrarse en YouTube. 2
La banda de Metal Sinfónico Therion la versionó en su gira por América del Sur en el año 2012.

El conjunto Los Chacos grabó 'El Cóndor pasa' en febrero de 1968 en un estudio fonográfico Francés. [Grand Prix International du Disque de l'Académie Charles Cros 1970].

Bibliografía

Baudouin, Julio (2013). Escrito en Lima. El cóndor pasa... cien años después.... Lima Perú: Colectivo Cultural Centenario "El Cóndor Pasa". ISBN 9786124647208.

Salazar Mejía, Luis (2013). El misterio del cóndor: Memoria e historia de "El cóndor pasa…". Lima: Taky Onqoy Ediciones. ISBN 9786124660504. Registrado en la Biblioteca Nacional del Perú.

Cerrón Fetta Mario. (2014). Cuadernos de Música Peruana Nº 12. Lima. Editorial/ Cuadernos de Música. Registro: Depósito Legal Nº2008-06894.Registrado en la Biblioteca Nacional del Perú.

Varallanos, José (1988). El cóndor pasa. Vida y Obra de Daniel Alomía Robles. Lima. CONCYTEC Ediciones. Depósito Legal 13714. Registrado en la Biblioteca Nacional del Perú.
La obra folklórica y musical de Daniel Alomía Robles. CONCYTEC. Editada por Armando Robles Godoy. 17-07.1990.
………………….

sábado, 29 de junio de 2019

La gringa loca



- ¿Y tú la conociste, abuelo?       

- Sí, yo también la conocí cuando era chiquillo. Pero a diferencia de mis amigos, yo la saludaba, y cuando ellos la insultaban, yo me quedaba callado, porque a mí me parecía una buena persona…
           
- ¿Tus amigos la insultaban? ¿Qué le decían?           Pasa la loca de la escoba”. En realidad, no la tratamos nada bien, porque para todos era solo una loca que barría el desierto, ya que la veíamos desde temprano con su escoba y su wincha barriendo y midiendo las arenas, haciendo dibujos incomprensibles y cálculos matemáticos que nadie entendía.
           
- ¿No vivía en el pueblo?
           
- No, vivía alejada, entre las dunas. A nadie le interesaba lo que hacía, y pese a que nunca nos dijo nada, algunos chicos le teníamos miedo. Cuando la insultábamos, solo nos miraba en silencio como comprendiendo que solo éramos unos mocosos malcriados...        

- ¿Y qué más pasó?
           
- Que a los pocos años, gracias a la "gringa loca", el mundo empezó a conocer las líneas de Nazca; ni nosotros sabíamos lo que teníamos a pocos metros. Y entonces llegaron otras personas del extranjero a tomar fotos, y a hacer estudios. Y de pronto el mundo comenzó a interesarse por nuestra región, el gobierno se preocupó más por nosotros, y llegó la luz, el agua y los turistas, y se hizo un comercio alrededor gracias al que muchos de nosotros ahora vivimos mejor que antes… todo gracias a lo que empezó la “gringa loca”.

- ¿Ya murió, no?    

El abuelo abrió una caja y empezó a buscar entre cartas, fotos antiguas y amarillentos recortes de periódicos.   

- Sí. Cuando ya estaba mayor y enferma, tuvo que dejar el desierto para vivir en el Hotel de Turistas de Nazca, donde estuvo hasta que su salud empeoró. La llevaron a Lima, donde murió en 1998. Guardé un recorte cuando el gobierno le otorgó la nacionalidad peruana. Lee fuerte lo que ella dijo de nosotros, -dijo el abuelo entregándole a su nieto un recorte de periódico avejentado por el tiempo y señalándole un párrafo.

Carlos leyó en voz alta.    

- "Yo quiero, con mi obra, ser un instrumento para eliminar las injusticias y para que los peruanos --que son gente de cualidades culturales, morales y físicas especiales-- recuperen su propia estimación. Yo les digo: yo soy chola, porque me siento a veces más unida con los cholitos, y sobre todo ahora que tengo la nacionalidad peruana".

-
¡Qué bonitas palabras!, -dijo Carlos sorprendido-, y si estuviera viva ahora, ¿Le hablarías?

El abuelo no contestó. Pero las dos lágrimas que resbalaban por sus mejillas en agradecimiento a la loca que barría el desierto, eran sin duda una afirmación.}}

Compilado


miércoles, 29 de mayo de 2019

Anécdotas de Andrés Avelino Cáceres


Lucila Hortensia fue la hija mayor de Cáceres. Siendo muy niña, junta a sus hermanas también pequeñas, Zoila Aurora y Rosa Amelia, marchó con su madre doña Antonia Moreno Leiva, a plegarse a la huestes que en La breña comandaba el adalid de la resistencia nacional compartió así los sacrificios y avatares de esa epopeya, que quedó grabada para siempre en su memoria.

Estando en mayo de 1883 en la ciudad de Tarma, donde Cáceres tenía a la sazón su cuartel general, vio llegar una partida de guerrilleros de Yauli, prorrumpiendo en llanto incontenible al verlos pobremente vestidos, casi inermes, vivando a su padre y alistándose para la batalla.

Corrió entonces hasta una capilla cristiana, donde su madre le dio el alcance, viéndole el rostro completamente anegado de lágrimas mientras rezaba al Hacedor.

“Hortensia, ¿Por qué lloras? ¿Por qué rezas?”, preguntó la madre:
           
“-Mamacita - contestó la niña- lloro porque me dan mucha pena estos pobres indios;
van para que los maten como a perros, porque no llevan balas para defenderse” y entonces le respondió la madre: “-Dirás que los matarán como a héroes”. Y lloró con ella.   

Años más tarde, Hortensia escribirla los Recuerdos de la Campaña de La Breña, que le dictó su madre, poco antes de morir Mucho tiempo. después, ya en su ancianidad, ella concedió al diario “La Crónica” una singular entrevista, que fue publicada el 13 de mayo de 1954. Habló entonces sobre las intimidades del héroe, sobre su dimensión humana, faceta poco conocida de su biografía. Copiamos aquí algunos selectos párrafos de tan importante testimonio. 

Una hazaña y un ascenso  

En la época de Pardo, papá era comandante del batallón acantonado en el cuartel de San Francisco y tenía el cargo de segundo jefe. Papá se iba a acostar cuando estalló un movimiento revolucionario contra Pardo. Papá oyó tiros… rápidamente se puso sus pantuflas y salió corriendo y echó llaves a las puertas del cuartel. Entonces un sargento de los revoltosos inesperadamente le apuntó con su fusil al pecho, intimidándolo para que le diera las llaves. Papá, al rechazar el ataque, empujó al sargento, sacó su pistola con la otra mano, pues la otra la tenía quemada, ya que el fusil del sargento había hecho tanto tiroteo, que estaba terriblemente caliente, y lo eliminó. Luego, llegó a dominar la revuelta con la ayuda que le prestaron los militares. Cuando supo Manuel Pardo, Presidente de la República, de la actitud de papá, fue al cuartel y le dijo: "Coronel: desde este momento es usted el primer jefe del batallón". Sobre la marcha. . . ¡papá fue coronel!    

Elegancia y ternura 

Papá era fino, exquisito en su trato, muy recto; pero alegre, elegante con las damas. Sus palabras más fuertes eran “carácter” y “cangrejo”. Sé enternecía mucho con la música de la sierra… quería bastante la música de nuestro pueblo, a pesar de no dejar la música clásica,pues cuando estábamos en Berlín íbamos a la ópera y escuchábamos a Wagner. El baile le encantaba y era muy galante con las damas. Una cosa que nos llamaba la atención era el don especial que tenía para domar a ciertos animales era muy aficionado a los pájaros y en Chorrillos tenía un pájaro ayacuchano ("Chirote"), que se le posaba en los hombros le daba de comer a sus palomas y nadie creería que la bravura de su vida militar formaba un contraste con la sencillez y bondad de su vida íntima. .

“Nunca de rodillas”           

Los guerrilleros tenían una adoración única por papá. Los indios del Perú tenían culto por Cáceres. Le llamaban “tayta”. Él era un compañero para ellos y sufrían igual. Sobre ello les voy a contar algo curioso. Una vez que estuvimos en Huancayo, en casa de doña Bernarda Piélago, residencia aristocrática que sólo era pisada por lo más graneado y rancio de la región, resulta que los guerrilleros se presentaron a la casa para saludar a su “tayta”, pero como era de imaginarse, la dueña de la mansión no los dejaba entrar…   

Al fin, a ruegos de papá, entraron… Parecía una escena de Luis XIV; los indios se quitaban el sombrero y saludaban ceremoniosamente y luego corrían a arrodillarse ante papá y le besaban la mano; entonces molesto, pero cariñosamente, papá les decía: "Katariychis, manan charicca, ccaripacha kconccoricunanchu kay ccapas”, que en buen castellano quería decir: “Levántense: un hombre nunca se pone de rodillas”. Papá hablaba con sus indios en quechua y se entendían muy bien.  

Yo no quisiera contarles sobre la vida militar de papá, porque la historia ya la da a conocer; pero como me han preguntado sobre su iniciación corno militar, les diré que más o menos a la edad de 17 años y cuando menos se esperaba, se escapó con unos amigos del colegio y se presentó al general Fermín del Castillo, durante la época de Castilla y le dijo que quería ser militar. Y así se inició en la carrera de las armas.

De niño quiso ser cura      

Siendo muy muchacho papá quiso ser cura, y como era muy engreído por mi abuela le daban gusto en sus pedidos. Tendría, dicen, unos ocho o diez años cuando le mandaron hacer un vestido de sacerdote, le construyeron un altar en un cuarto, y entonces él hacía misas jugando así con sus compañeros y amigos. Fíjese usted qué contraste, la inclinación hacia el sacerdocio siempre se haría presente en papá. ¡Quién iría a pensar que después sería un bravo militar! En fin, les cuento esto para que observen que nadie pensaba que ingresaría a la carrera militar. 

Su modelo fue un sargento     

Les voy a contar una cosa que papá me decía y que había sido uno de sus triunfos corno militar. Su principal estimulo, para ser siempre el primero, se lo dio un sargento. Era el sargento que lo instruía. Cuando papá se demoró en los primeros pasos para marchar, el sargento expresó satíricamente: “Estos señoritos quieren ser militares y no saben ni marchar”. Esto picó a papá y desde ese entonces, para salir triunfante en sus propósitos, se acordaba del sargento y se esforzaba por quedar bien.     

La cicatriz del guerrero

Se ha dicho que papá era “tuerto”, pero no había tal cosa ya que tenía sus ojos perfectos y leía y escribía muy bien. Solamente tenía caído el lagrimal y la cicatriz en la nariz del tamaño de un real (moneda menuda). Estaba batiéndose (al servicio de Castilla) en la torre de Santa Rosa (en Arequipa) y llovían las balas; una de ellas lo cogió, por lo que fue envuelto en unas frazadas y lo llevaron a un convento. Las monjas lo asistieron con todo cariño y le insinuaban en todo momento que dejara la carrera militar y que se quedara en el convento como capellán del mismo. Pero papá ya estaba hecho para la vida militar.     

Cuando le dijeron a don Ramón Castilla que el teniente Andrés Avelino Cáceres estaba gravemente herido, respondió: “¿Grave? ¡No ha muerto! Quiere decir que la Providencia lo reserva para algo grande” y así fue, ya que el Perú sabe que papá se dedicó íntegramente a la defensa de nuestra patria en los momentos aciagos en que Chile invadió nuestro territorio. Su fama llegó a tanto que el propio general chileno Patricio Lynch ordenó la muerte para todos los caceristas.          

Fuente: Diario La Crónica, “Entrevista a Luz Hortensia Cáceres Moreno, 13. 5. 1954".

miércoles, 8 de mayo de 2019

Terremoto en Lima


Hora: 5:58 pm

En Octubre se cumplen  273 años del peor terremoto en la historia de Lima y Callao. El devastador sismo vino seguido de un tsunami que barrió con todo desde La Punta hasta Carmen de la Legua. El 28 de octubre de 1746 el movimiento de 9 grados de magnitud azotó la capital peruana, que acabó con casi todas las casas de la ciudad, iglesias y estructuras oficiales, incluida la Catedral de Lima. Además, inundó y desapareció gran parte del Callao. Eran las 10.30 de la noche cuando los limeños fueron sorprendidos por un terremoto de tres a cuatro minutos, que obligó a todos a salir de sus casas y ponerse a resguardo. Lamentablemente, no todos lograron hacerlo. Quedaron atrapados en los escombros tras derrumbarse los muros.

Víctimas y daños. Tras el sismo, una gran ola golpeó el Callao, avanzó con violencia, destruyendo todo a su alrededor e ingresando cinco kilómetros tierra adentro, desde La Punta hasta Carmen de la Legua. El tsunami hundió diecinueve embarcaciones y de los cinco mil habitantes que tenía el puerto, solo sobrevivieron poco menos de doscientas personas. Lima tenía 60,000 habitantes y fallecieron más de dos mil.

El movimiento llegó a sentirse desde Ecuador hasta Chile y las olas llegaron hasta la playa de Acapulco en México, pero sin causar graves daños. Según el cronista de la época, Del Llano Zapata, el 30 de octubre, dos días después del terremoto, cuatro hombres fueron vistos flotando en un pedazo de madera en el mar del Callao, pero las olas, todavía embravecidas, impidieron el rescate. Un resignado sacerdote les dio la extremaunción desde los acantilados.

Reconstrucción. Según la edición del diario El Comercio de la época, el Virrey Manso de Velasco mostró desde un principio gran presencia de ánimo y adoptó todas las medidas para tajar el desorden y hacer menos grave la desgracia. En los años siguientes dedicó todos sus esfuerzos a la reedificación de la ciudad, por eso se le considera el segundo fundado de Lima.

Compilado 

Fuente: El gran terremoto de Lima.

martes, 30 de abril de 2019

La peña horadada


Una gran piedra con un círculo en su interior es la protagonista de una popular leyenda en Lima, Perú. Situada en los Barrios Altos, exactamente en la intersección del Jirón Junín con el Jirón Cangallo, está La Piedra del Diablo, también conocida como La Peña Horadada. Y es que según la tradición, de su interior escapó, ni más ni menos, que el mismo Diablo.

Su origen es extraño, no hay quien sepa, como apareció la piedra en este lugar. La Sociedad Geofísica de Perú tiene la teoría, que la piedra data de la época prehispánica, y se convirtió en un importante centro ceremonial y de adoración en la Lima del Siglo XII. Está compuesta de feldespato y cuarzo, su antigüedad es de varias decenas de miles de años, de color negro y un metro del alto. 

Según Ricardo Palma, el agujero que luce en la parte baja lo hizo el Diablo cuando trató de huir de una procesión del Señor de los Milagros. Resulta que, en aquel entonces, la procesión del Nazareno pasaba por la Calle del Suspiro (hoy Jirón Cangallo). El Diablo, que acostumbraba pasear por ahí para tentar a los devotos limeños, se pegó tal susto que quiso huir, sin imaginarse que, por el otro jirón (hoy Junín), también pasaba en procesión la Virgen del Carmen, patrona de Barrios Altos. ¿Por dónde escapar?, habría pensado el demonio. Y no le quedó más remedio que atravesar la roca. 

Cuentan los vecinos de mayor edad que, durante muchas gestiones municipales, se ha tratado de retirar la piedra de esta equina porque obstruye el paso. Este aspecto es crítico sobre todo porque la zona es peligrosa de noche, debido a la poca iluminación y al pandillaje. Sin embargo, hasta hoy todas las diligencias al respecto han sido infructuosas.

Compilado







domingo, 31 de marzo de 2019

María Valdizán


Sabemos, señora traidora! (comenzó diciendo el jefe realista) que desde la rebelión de 1780, os habéis unido secretamente a la secta de traidores que, inclusive, con su generoso apoyo logístico, formaron una horda de asesinos que ha venido hostigando al ejército del rey con incursiones sangrientas que han costado muchas vidas. Que en el dilatado lapso que va de entonces ahora, en su condición de protectora, mentora y cómplice, habéis desarrollado una asolapada actividad de encubrimiento y traición. Como estas acciones no han podido ser ejecutadas tan solo por vos, ahora tendréis que decirnos los nombres de cada uno de los traidores que os han secundado en su vil tarea traidora. ¡Hablad!. ¡Necesitamos saber el nombre de los canallas que colaborando con vos, han complotado contra nuestro rey. ¡Hablad, ya…!.

Carratalá, arrogante paseó su mirada por sobre la atónita multitud que en espantado silencio se limitaba a mirar lo que estaba aconteciendo delante de sus ojos. Nadie se atrevió a decir nada. El terror los tenía mudos de espanto e indignación. Al comprobar que la prisionera no pronunciaba palabra ni parecía tener la intención de hacerlo, llegó delante de ella para gritarle.

-¡Hablad, maldita perra descastada!

Ella con la serenidad que le daba su condición de amorosa servidora de su patria, le mantuvo lo mirada con igual dosis de odio, sin inmutarse, sin protestar siquiera. Esto indignó al carnicero. Presa de una ira incontrolable cruzó (ida y vuelta) dos rebencazos con la fusta de plata sobre la cara de la mujer. Dos cárdenas heridas resaltaron sobre su rostro pálido. Un sordo rugido del pueblo se escuchó en la plaza. Ella ni se movió. El español, rojo de ira la miró iracundo y pronunció cerca del rostro de la damnificada, su pregunta, resaltando cada palabra con intención malhadada.

-¡Decidnos, maldita perra, el nombre de vuestros cómplices!. ¡Si no lo hiciéreis, vive Dios que separaré vuestra maldita cabeza del resto del cuerpo para que sepan cómo se trata a los traidores. ¡Hablad!. Habéis rengado contra vuestro rey al que debemos acatamiento leal y sincero. Se acercó nuevamente ante la dama que pálida con la mirada altiva, soportaba el maltrato del español. La fusta de cuero y guarniciones de plata, le puso debajo del mentón y se la levantó como a punto de introducirla en sus carnes; le miró fijamente y, para que todos oyeran, le conminó a que vivara al rey.- ¡Que vivas al rey, maldita perra!. Le siguió un largo silencio tras el cual, presionada por la fusta que le estaba quitando el resuello, la heroína abrió los labios. La gente no lo podía creer. Todos pensaban que el español había ganado y que la prisionera obedecería la orden, pero quedaron mudos de asombro cuando ella, tras abrir los labios, con voz trémula y fina, gritó con las fuerzas que le daba su castigado cuerpo:

– ¡Viva la patria!. ¡Viva el Perú!

El español que no esperaba semejante reacción, rojo como un tomate, comprendiendo que la prisionera le había ganado ante tanta gente, perdió los papeles. Presa de una ira homicida ordenó a su edecán, un capitán de lanceros: ¡Matadla!. Como movido por un resorte, el capitán sacó el sable y con un salvaje mandoble que se escuchó sordo en la plaza pública, casi cercenó la cabeza. Un grito de espanto se escuchó en la plaza. Ella cayó sobre la nívea blancura de la nieve y su sangre brotó a chorros incontenibles de las yugulares. Tras unos instantes de sacudirse con los estertores de la muerte, quedó rígida sobre el suelo. Los sollozos de las gentes fueron totales. Loco como un homicida rabioso, el español gritó su última orden.

– ¡Sacad todo lo que tenga esta perra en su guarida y después convertidla en cenizas!.

Los jinetes partieron de inmediato a cumplir la orden y, tras dos horas, habían vaciado la estancia de todo lo valioso que encontraron, luego prendieron fuego. En poco tiempo, grandes llamaradas consumían la solariega casa de los Valdizán. En dos grandes carretones, trasladaron las pertenencias de la heroína. Las mujeres, conmovidas hasta las lágrimas, recogieron el cadáver con unción religiosa, la bañaron, frotaron su cuerpo virginal con abundante agua de lavanda y, siguiendo con la tradición minera, la amortajaron con el albo hábito de la Virgen de las Nieves (matrona del pueblo) y, aquella noche, con la asistencia de todas las supervivientes de la carnicería realista (los hombres estaban muertos, heridos o prisioneros) la velaron en una casona donde efectuaban sus reuniones. Sólo mujeres. En el camino, las salvadas de la carnicería, llevando en las manos sus teas encendidas, se cruzaron con los españoles que afanosos trasladaban su sangriento botín en numerosas carretas. Al día siguiente, con la indecisa iluminación de un tímido sol invernal, mujeres venidas de todos los rincones de Pasco, dejando su tarea de reconstrucción de casas convertidas en pavesas humeantes, trasladaron el cuerpo hasta el cementerio de la villa, cubierto con las banderas que días antes le habían entregado los gloriosos soldados de la libertad. A lo lejos, como terrorífico resplandor, se veía gigantescas llamas devorando a la ciudad minera que ardía desde sus cimientos. Era el precio que pagaba por luchar por la libertad. Llegados al cementerio en contrita procesión, el cuerpo de la heroína fue depositado, blandamente, en un marco de llanto general y el desgarrado canto del “Cocha Cuyllur” de un ciego cantor nativo. No hubo más. Así en medio de la sencillez fue depositado en el cementerio del pueblo el sarcófago de la más grande luchadora por la libertad del Perú. A esa misma hora tomaron conocimiento que el cuerpo del viejo minero José Acevedo de Montemayor había sido encontrado en el interior de su opulenta vivienda en Colquijirca, colgando de una soga. Al no poder soportar la dimensión de la tragedia que ocasionara, se había ahorcado.

Fuente: Pueblo Mártir / César Pérez Arauco.

martes, 26 de febrero de 2019

El Estandarte de Francisco Pizarro


Don Ricardo Palma escribió lo siguiente sobre el estandarte de Francisco Pizarro:  Acerca de la bandera de Pizarro hay también un error que me propongo desvanecer.

Jurada en 1821 la Independencia del Perú, el Cabildo de Lima pasó al generalísimo don José de San Martín un oficio, por el cual la ciudad le hacía el obsequio del  estandarte de Pizarro. Poco antes de morir en Boulogne, este prohombre de la revolución americana hizo testamento, devolviendo a Lima la obsequiada bandera. En efecto, los albaceas hicieron formal entrega de la preciosa reliquia a nuestro representante en París, y éste cuidó de remitirla al gobierno del Perú en una caja muy bien acondicionada. Fue esto en los días de la fugaz administración del general Pezet, y entonces tuvimos ocasión de ver el clásico estandarte depositado en uno de los salones del Ministerio de Relaciones Exteriores. A la caída de este gobierno, el 6 de noviembre de 1865, el populacho saqueó varias de las oficinas de palacio, y desapareció la bandera, que acaso fue despedazada por algún rabioso que se imaginaría ver en ella un comprobante de las calumnias que, por entonces, inventó el espíritu de partido para derrocar al presidente Pezet, vencedor en los campos de Junín y Ayacucho, y a quien acusaban sus enemigos políticos de _connivencias criminales_ con España, para someter nuevamente el país al yugo de la antigua metrópoli.
Las turbas no reaccionan ni discuten, y mientras más absurda sea la especie más fácil aceptación encuentra.

La bandera que nosotros vimos tenía, no las armas de España, sino las que Carlos V acordó a la ciudad por real cédula de 7 de diciembre de 1537. Las armas de Lima eran: un escudo en campo azul con tres coronas regias en triángulo, y encima de ellas una estrella de oro cuyas puntas tocaban las coronas. Por orla, en campo colorado, se leía este mote en letras de oro: Hoc signum vere regum est. Por timbre y divisa dos águilas negras con corona de oro, una J y una K (primeras letras de Karolus_ y _Juana_, los monarcas), y encima de estas letras una estrella de oro. Esta bandera era la que el alférez real por juro de heredad, paseaba el día 5 de enero, en las procesiones de Corpus y Santa Rosa, proclamación de soberano, y otros actos de igual solemnidad.

El pueblo de Lima dio impropiamente en llamar a ese estandarte la bandera de Pizarro, y su examen aceptó que ése fue el pendón de guerra que los españoles trajeron para la conquista. Y pasando sin refutarse de generación en generación, el error se hizo tradicional e histórico.

Ocupémonos ahora del verdadero estandarte de Pizarro.

Después del suplicio de Atahualpa, se encaminó al Cuzco don Francisco Pizarro, y creemos que fue el 16 de noviembre de 1533 cuando verificó su entrada triunfal en la augusta capital de los Incas.

El estandarte que en esa ocasión llevaba su alférez Jerónimo de Aliaga era de la forma que la gente de iglesia llama gonfalón. En una de sus caras, de damasco color grana, estaban bordadas las armas de Carlos V; y en la opuesta, que era de color blanco según unos, o amarillo según otros, se veía pintado el apóstol Santiago en actitud de combate sobre un caballo blanco, con escudo, coraza y casco de plumeros o airones, luciendo cruz roja en el pecho y una espada en la mano derecha.

Cuando Pizarro salió del Cuzco (para pasar al valle de Jauja y fundar la ciudad de Lima) no lo hizo en son de guerra, y dejó depositada su bandera o gonfalón en el templo del Sol, convertido ya en catedral cristiana. Durante las luchas civiles de los conquistadores, ni almagristas, ni gonzalistas, ni gironistas, ni realistas se atrevieron a llevarlo a los combates, y permaneció como objeto sagrado en un altar.

Allí, en 1825, un mes después de la batalla de Ayacucho, lo encontró el general Sucre; éste lo envió a Bogotá, y el gobierno inmediatamente lo remitió a Bolívar, quien lo regaló a la municipalidad de Caracas, donde actualmente se conserva. Ignoramos si tres siglos y medio de fecha habrán bastado para convertir en hilachas el emblema marcial de la conquista.

Fuentes: 

Gazeta leonciopradina
Foros Perú
La Gaceta Tucumán
PUCP