jueves, 29 de junio de 2017

Monasterio de Santa Catalina de Siena


El Monasterio de Santa Catalina de Siena, o Convento de Santa Catalina, es un complejo turístico religioso ubicado en el centro histórico de Arequipa, departamento de Arequipa, Perú.

Ubicación

La ciudadela se ubicó al sur del Perú en la ciudad de Arequipa fundada el 10 de setiembre de 1579 y ubicada en una zona que destaca por su belleza natural, clima acogedor y que dispone de un gran material con el cual se construye y se sigue haciendo la arquitectura de esta ciudad, el Sillar. En el monasterio existen dos tipos, el sillar blanco que proviene del Volcán Chachani y el rosado del Misti, este último emblema de la ciudad. La ciudadela ocupa un terreno de 20.000 metros cuadrados y está absolutamente aislada de la ciudad a pesar de que se ubica en el corazón de ésta. Un gran y sólido muro de 4 metros de altura aislaba la vida de las mujeres que habitaban el monasterio.

Reseña histórica

El virrey Francisco Toledo otorga la licencia necesaria para la fundación del tan deseado monasterio que solicitaba la ciudadanía. Doña María de Guzmán, viuda de Diego Hernández de Mendoza, decide recluirse en el monasterio en construcción cediendo para ello todos sus bienes. El 10 de septiembre de 1579 se realiza la memoria de la fundación del monasterio firmada por el Cabildo, regimiento de la ciudad y el obispado del Cusco, nombrando a María de Guzmán como la “Primera pobladora y priora de dicho Monasterio”. El 2 de octubre de 1580 se realiza una misa mayor en la ciudad para que desde ese día comenzaran los hábitos. Las mujeres que ingresaron como monjas al monasterio fueron criollas, mestizas y hasta hijas de familias nobles. La historia cuenta del ingreso de las denominadas “monjas pobres” que sin tener hábitos, ni abrazar la vida religiosa, ingresaban a ejercitar sus virtudes y ser emperatrices de muchas otras. Se sabe que a mediados del siglo XVIII, la ciudadela contaba con más de 300 mujeres de hábito y doncellas de servicio.

Arquitectura

El encanto de esta ciudadela reside en la solidez y plasticidad de sus volúmenes, y la belleza que maestros y alarifes lograron en la arquitectura de esos recintos mediante soluciones arizantes como los arbotantes o la construcción de recias arquerías asentadas sobre pilares.

En los interiores, las cúpulas y las cubiertas de bóveda amplían considerablemente el espacio y aumentan la sensación de fortaleza de los edificios. Se percibe así mismo, sobre todo en la zona de las callejas, la intervención de albañiles que, carentes de un diseño propiamente arquitectónico, fueron levantando muros, tejados, celdas, patios y portadas de sencillo planteamiento.

El actual edificio atesora espléndidas piezas de arte, como un altar barroco de madera tallada y dorada, de un cuerpo y tres calles, que exorna la capilla, y varias pinturas de la escuela cusqueña.

Debido a los constantes terremotos que se vio afecto el monasterio, las familias de las religiosas optaron por construir celdas únicas y privadas para cada uno de ellas. Lo que provocó que hubiera sectores ordenados y a falta de un plan otros con un notorio desorden. Durante casi dos siglos en la época virreinal, los claustros y celdas del monasterio han sufrido diversas modificaciones, agregados y nuevas construcciones que hacen que Santa Catalina se haya convertido en un mostrador escala humana de la arquitectura colonial arequipeña.

Portada del Monasterio

La portada de ingreso está adornada con un relieve de Santa Catalina de Siena, bajo cuyo patrocinio se fundó el convento. Está labrado en el sólido muro de sillar que bordea toda la manzana. La sobria sencillez de formas y color de esta portada, contrasta con el alegre colorido que el visitante encontrará en los ambientes interiores.

Torre del Campanario

La distinguida torre que luce el Monasterio de Santa Catalina fue construida en 1748 siendo Presidenta del Consejo, la supriora Sor Catalina de San José Barreda y Obispo Juan Bravo de Rivero. Su campanario tiene cuatro campanas dispuestas con frente a las calles que rodean el monasterio: Con frente a la calle Santa Catalina (al este) una antigua campana sin ninguna inscripción. Con frente a la calle Ugarte (al sur) está la campana más antigua con la inscripción “Santa Catalina Ora Pronobis ,1749”. Con frente a la calle Bolívar (al oeste) existe la campana con la inscripción “R.M. María de Villegas, 1787”

Iglesia

Bella y antigua iglesia de larga nave y de cúpula de media naranja, que tiene una construcción de planta básica de 1660 aproximadamente. Debido a diversos terremotos que sacudieron la ciudad de Arequipa desde la época de la colonia, ha sido reconstruida varias veces respetando su original diseño. Su altar principal es de plata repujada que representa un trabajo muy esmerado, con bellos y delicados motivos religiosos, de los antiguos artesanos a los que se les encomendó la obra. En la misma encontramos interesantes habitáculos para los confesores de las religiosas que se encontraban en clausura. Asimismo, se aprecia un bello altar dedicado a la Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo. Existe una gran reja de metal entre la iglesia y el coro bajo, que es donde se ubicaban y lo siguen haciendo las religiosas para la celebración de la sagrada misa, para separar la clausura del mundo exterior. En la parte superior se encuentra el coro alto donde hay un grande y antiguo órgano europeo de muy bella manufactura.

El Convento de Santa Catalina, se envolvió en un velo de misterio y silencio hasta 1970 en que una parte grande del convento abrió sus puertas para el público. Las religiosas permitieron que una empresa privada lo administrara. Todavía viven monjas en el área norte del complejo.

En gran parte fue restaurado para poder lograr un mejor atractivo del público, conservando su planta y características originales. Las pequeñas calles y claustros están llenas de flores coloridas y las paredes son pintadas en tintes frescos. Los callejones estrechos llevan a las diversas partes del convento que atraviesan por sitios pintorescos y sitios de estar y dormir con los muebles originales.

Convento de Santa Catalina.

Al interior se puede apreciar el claustro de la beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo la cual fue beatificada en la visita de Juan Pablo II en 1985 debido a su ejemplar vida conventual y a la atribución de algunos milagros. Uno de ellos aprobado por la Iglesia, fue una curación de un cáncer uterino verificado en el primer tercio del siglo pasado. La favorecida, doña María Vera de Jarrín, vivió más treinta años después del prodigio.


Fuente: Wikipedia

lunes, 29 de mayo de 2017

Juan Bautista Topete y Carballo


Hace algunos años apareció en la revista Caretas (3 de octubre de 1996) esta fotografía, lo que motivó que el Contralmirante Ramón Arróspide Mejía (en ese entonces Presidente del Instituto de Estudios Histórico Marítimos) enviara una carta corrigiendo aquel error, la cual fue publicada en la sección "Nos escriben y contestamos" :

Lima, 24 de octubre de 1996

Señor Director:

Con referencia al artículo `Gloria y Leyenda' de CARETAS 1434 del 3 de octubre -referido a Grau y al 8 de octubre- confirmamos que el retrato que allí se reproduce no corresponde a don Miguel Grau.

El Instituto de Estudios Histórico- Marítimos se siente llamado a aclarar las dudas del caso. Si esta carta llega quizá con cierto retraso es porque hemos preferido hacerlo después de realizar una minuciosa investigación a fin de determinar el origen de este error, así como proporcionar la información histórica sobre los personajes involucrados.

Como CARETAS manifiesta, la foto ha sido tomada del libro chileno `Historia ilustrada de la Guerra del Pacífico', edición patrocinada por el general Augusto Pinochet. Hemos encontrado que en diversas publicaciones chilenas, como `El Poder Naval de Chile', (Valparaíso, Revista de Marina, 1985), y el `Monitor Huáscar' editado por Lamas y Cía. (Concepción, 1989), en forma recurrente reproducen la misma foto equivocada.

El personaje que aparece como Grau es en realidad don Juan Bautista Topete y Carballo (1821-1885), comandante de la fragata española Blanca de la Escuadra del Pacífico, con la que participó en el combate de Abtao y combate del Dos de Mayo de 1866. Los retratos del personaje -incluyendo la foto que publica CARETAS- los encontramos en por lo menos tres libros españoles como `Historia de la guerra de España en el Pacífico' (Pedro Novo y Colson, 1882). Igualmente en libros peruanos como `La Historia de la Marina de Guerra del Perú' de Manuel I. Vegas.

En el retrato que publica CARETAS se aprecia un innegable parecido con nuestro héroe, especialmente si nos referimos a una fotografía poco conocida del Almirante Grau en Río de Janeiro....

Pero el uniforme, galones y posición de los botones en la manga son diferentes y, obviamente, los de Topete no corresponden al uniforme peruano.

Ramón Arróspide Mejía
Contralmirante (r)

Presidente Instituto de Estudios Histórico-Marítimos

Compilado

sábado, 1 de abril de 2017

Andrés Avelino Aramburú Sarrio


Nacimiento              10 de noviembre de 1845. Lima – Perú.
Fallecimiento           22 de mayo de 1916. Lima – Perú.
Ocupación               Periodista
Cónyuge                  Agripina Salinas y Cossío
Hijos                         Andrés Avelino Aramburú Salinas y José Félix Aramburú Salinas
Padres                     José Félix Aramburú y Vega-Bazán y Petronila Sarrio y Pozo

Andrés Avelino Aramburú Sarrio (Lima, Perú, 10 de noviembre de 1845 – 22 de mayo de 1916) fue un periodista y político peruano.

Fundador y director del diario La Opinión Nacional, que se editó en Lima de 1873 a 1914, siendo el más importante diario del Perú a principios del siglo XX, junto con El Comercio y La Prensa. Ferviente patriota y político leal, Aramburú tuvo una personalidad vigorosa. Fijó una marcada orientación de estilo norteamericano en la conducción de su diario, destacando como una gran figura del periodismo sudamericano. Fue padre de Andrés Avelino Aramburú Salinas, que siguió sus pasos en la profesión periodística, y de José Félix Aramburú Salinas, que fue diplomático y político.

Sus padres fueron José Félix Aramburú y Vega-Bazán, oficial mayor de Hacienda, trujillano, y de Petronila Sarrio y Pozo, limeña. Estudió inicialmente en el Instituto Preparatorio y pasó luego al Convictorio de San Carlos, donde fue alumno destacado, y finalmente cursó leyes en la Universidad de San Marcos, donde se graduó de bachiller, licenciado y doctor en Jurisprudencia, con tesis sobre «Origen del castigo», «Fin de la pena de muerte» y «Pena de muerte», respectivamente (1868). Se casó con Agripina Salinas y Cossío, hija del alcalde de Lima y acaudalado hacendado Antonio Salinas y Castañeda.

A pesar de la oposición de su madre, se inclinó por el periodismo, comenzando con eventuales colaboraciones para El Comercio de Lima (1863) y editando luego con sus compañeros de aula una hoja de vida efímera, La Voz del Patriotismo (1865), a raíz del entusiasmo patriótico suscitado por la agresión de la Escuadra Española del Pacífico.
Seguidamente se desempeñó como redactor de El Nacional (1865), periódico fundado por un destacado grupo de escritores liberales, entre los que se contaban Manuel María del Valle y Juan Francisco Pazos. A través de sus páginas participó entusiastamente en la campaña cívica a favor de la elección presidencial de Manuel Pardo y Lavalle (1871 - 1872) y fue apresado en tres oportunidades.

El 1º de diciembre de 1873, ya bajo el gobierno civilista de Pardo, fundó el diario La Opinión Nacional, junto con Reynaldo Chacaltana y Manuel María Rivas, aunque luego estos se separaron de la empresa. Por más de cuatro décadas se mantuvo al frente de dicho diario, que se convirtió en uno de los más importantes del Perú y de Sudamérica. Desde sus páginas se enfrentó a la oposición anticivilista representada por los diarios La Patria y La Sociedad. Pero también peleó a favor del gobierno con las armas, como voluntario de la Guardia Nacional contra la rebelión de Nicolás de Piérola, hasta la derrota de este caudillo en la batalla de Los Ángeles.

En 1879 se declaró opositor de una eventual guerra con Chile, pero cuando ésta fue declarada, hizo la defensa de la causa peruana con gran elocuencia y entró en polémica ardorosa pero alturada con la prensa del país adversario. Incorporado como soldado raso en la reserva del Ejército Peruano durante la defensa de Lima, peleó en la batalla de Miraflores (15 de enero de 1881). Enseguida pasó a ser secretario del presidente Francisco García Calderón, durante el denominado Gobierno de La Magdalena, en los aciagos días de la ocupación chilena. Respaldó luego la autoridad del contralmirante Lizardo Montero por haber logrado realizar la unidad política del país.

Hecho prisionero y desterrado a Chile (20 de octubre de 1882), permaneció confinado en Chillán. De regreso en el Perú (10 de marzo de 1883), apoyó el pronunciamiento del general Miguel Iglesias. Fue elegido diputado por Chancay, ante la Asamblea Constituyente que aprobó el Tratado de Ancón (1884-1885). Junto con monseñor Manuel Tovar, representó al gobierno de Iglesias para lograr un entendimiento con el general Andrés A. Cáceres, pero una vez que este caudillo se convirtió en gobernante, le brindó su apoyo desde La Opinión Nacional.

Elegido diputado por Lima (1894), mantuvo obstinada oposición contra la revolución que Piérola acaudilló para derrocar a Cáceres, recordando los despilfarros que dicho caudillo civil promovió cuando fue ministro de Hacienda auspiciando el Contrato Dreyfus en la década de 1860, y la desorganización militar que hizo cuando fue dictador durante la guerra con Chile. Su casa fue asaltada por una turba pierolista después de los combates en las calles de Lima, el 17 y el 18 de marzo de 1895. Aún después de iniciado el gobierno de Piérola continuó haciendo oposición a este caudillo. No obstante, Piérola, al terminar su gobierno, reconoció hidalgamente los servicios que el periodista había prestado a la nación.
Consagrado exclusivamente a su labor periodística, Aramburú continuó pulsando la vida política del país no solo a través de sus vibrantes editoriales en La Opinión Nacional sino en una columna de la misma, festiva y mordaz a la vez, que llamó «Mentiras y candideces», que fue muy celebrada por los limeños. Atildado tanto en el vestir como en su expresión, cortés y benevolente, supo llegar directamente a la mente y al corazón de sus lectores. En las calles de Lima los vendedores de diarios pregonaban así su periódico: «La Opinión Nacional con editorial del doctor Aramburú». Patriota ferviente, acuñó en su diario el siguiente apotegma: «Nadie tiene razón contra el Perú». Otra faceta interesante y ejemplar de su personalidad fue su afecto hacia los obreros, en especial los obreros gráficos.

Ya anciano, dejó la dirección del diario y se retiró en 1914. Tuvo la suerte de celebrar sus bodas de oro como periodista.

Compilado


martes, 28 de febrero de 2017

Entierros y tapados en Lima

Es muy antigua la idea de los tesoros ocultos. Desde el rescate de Atahualpa, quedó en la imaginación de todos, la certeza de haber sido ocultadas en diversos lugares grandes cantidades de oro y plata.

Las “huacas” donde a veces se hallaban objetos y restos prehispánicos contribuyeron al afán soñador por encontrar a cada paso riquezas bajo la tierra.


Demolición del Hospital de San Juan de Dios

La ausencia de bancos, tal como los conocemos hoy y la desconfianza ante aquellos banqueros susceptibles de quiebras y perdidas, dieron lugar, seguramente, a la costumbre de guardar en recatados lugares de casas y haciendas los dineros ahorrados. Hubo, indudablemente, el hábito, sobretodo en ciertas épocas, de usar esta forma de encubrimiento para evitar asaltos y robos. Muchas de las antiguas casas, tal cual como los arcones y bufetes de la mueblería colonial, tuvieron disimuladas alacenas, escondrijos y secretas, como propiamente se les denominaba para esconder tesoros.

Y las leyendas crecieron y se multiplicaron. Se afirmaba de los ricos, la costumbre de esconder en botijas y bolsas grandes de cuero, grandes fortunas. Hasta se creía el cuento cruel de los enterradores esclavos, que pagaban con su vida, la involuntaria culpa de haber conocido el lugar de los codiciados escondites y quedaban en estos también sus cadáveres, como si perpetuaran el servicio de lúgubre vigilancia. El hecho de haberse hallado con frecuencia, en los tapados, restos de huesos humanos, apoyo esta creencia. Y a la vez contribuyo a la superstición de los fantasmas.

En casas donde penan, tesoros hay, se decía. Y en cuanto alguna vieja casona se desocupaba, surgía la suposición, sobre todo si los vecinos contaban de extraños ruidos que había en ella, de alguna alma rondadora, vigía fantasmal de algún rincón lleno de monedas de oro. Cuando alguien moría sin dejar testamento, suponíase que podía quedar enterrado en una iglesia, pero su alma quedaba en la mansión, como atormentado centinela.

Y no solo se creía en los ocultamientos bajo tierra, sino también se les imaginaba en los anchos muros, en las vigas, en los artesonados de los techos, etc. Se exageró estas creencias, y con el pasar del tiempo, se creyó en una ciudad llena de vericuetos subterráneos, horadada y con túneles en todas direcciones.

Después de la expulsión de los jesuitas, en tiempos del Virrey Amat, aumento enormemente la idea. La antigua y célebre frase “nos llevamos un tesoro escondido en el breviario (librito que contiene el rezo eclesiástico anual)” contribuyo a creer que en el estaba las claves para ubicar e identificar los lugares donde dejaron sus riquezas estos religiosos expulsados.

La guerra de Independencia también contribuyo a hacer crecer la leyenda. Se aseguraba la existencia de fortunas escondidas por los españoles residentes para evitar las confiscaciones de los republicanos. No solo en Lima fue extensa y difundida la convicción de existir muchos sitios con dineros escondidos, sino en todo el Perú se mantuvo esta idea durante mucho tiempo.

Como derivación natural surgieron los descubridores expertos y los poseedores de planos y guías. Se hicieron famosos los buscadores de tesoros, tan igual como las brujas y los curanderos. Estaban llenos de verbos floridos y frases cabalísticas. Explotaban la ingenuidad por la fuerza de la tradición.

Sus labores siempre rodeadas de aires de misterio pusieron una nota entre burlona y macabra. Los había hasta extranjeros que venían con raros documentos de caligrafías complicadas siempre ofreciendo sus servicios, previo “adelantito” del dinero a encontrar.


Palacete Veneciano, demolido en la creencia que tenía tapados y tesoros

Naturalmente, no siempre se trataba de patrañas y mentiras. Se hallaron realmente muchos tapados, y no pocas personas cambiaron sus vidas debido al éxito en sus búsquedas. En algunas casas de Lima fue evidente el descubrimiento de algunos entierros. Y esto sirvió para cebar el anhelo de todos, porque hubo un tiempo en el cual se esperaba esa forma para salir de apuros, igual como se confía en la lotería.

Por las calles Chacarilla, la Virreina, por Matavilela, por Aumente, por la plaza San Martín, por Plumereros, etc., se afirmaba que fueron descubiertos tesoros.


Catacumbas de San Francisco

Muchas veces se señalo el origen de ciertas fortunas en artificiales minas callejeras. Este tipo de entierros era tema de conversación frecuente. La vieja Lima con sus cementerios en iglesias, colmadas de huesos, y sus caserones y huertos también con tumbas particulares y con joyas y dinero bajo tierra, llego a ser imaginada como una oculta y enmarañada red de túneles sombríos y húmedos. Se afirmaba por la zona de Desamparados, de una oscura calle, debajo de las que conocemos, donde podía discurrir cómodamente una pareja de hombres a caballo. Y así, se señalaban muchas sendas de ese tipo: de Palacio a Santo Domingo, de san Pedro al Noviciado, etc.

Ahora mismo, cuando en alguna excavación o demolición de una casona en el centro de Lima aflora alguna cripta arcaica o unos escalones musgosos, reaparecen las interrogantes: ¿Habrá algún entierro?, ¿A dónde irá este camino…?

Compilado


martes, 31 de enero de 2017

Tatán


Luis D´Unian Dulanto, “Tatán” fue un amigo de lo ajeno y le robaba a cualquiera. Esos cuentos de que fue "el ladrón bueno" lo inventaron sus amigos de Las Carrozas. El que busca encuentra...Su misteriosa muerte llamó la atención de todos los que le hicieron buena fama a un delincuente. Tuvo una vida promiscua con homosexuales y algunos dicen que uno de estos, celoso de otro, lo mató de nueve puñaladas como a un César. 

La otra versión, también tonta, es que el delincuente "Tatán" tenía un diamante incrustado en uno de sus dientes y para robarlo tuvieron que matarlo. La versión de más crédito es que el delincuente era un "soplón" y fue asesinado por pasar información a la policía. Dicen que quemó vivo a otro delincuente pero no se lo pudieron probar y luego lo mataron en la cárcel...murió en su ley. 

Es falso que robó a los ricos para entregar todo a los pobres. Robaba para vivir bien, para comprar ropa de primera calidad, para gozar de buenos médicos. 

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sábado, 31 de diciembre de 2016

Juan M. Rugendas


Nació Juan Mauricio Rugendas en Augsburgo, el 29 de marzo de 1802, hijo de Johann Lorenz, director de la Academia de Bellas Artes de aquella ciudad. Muy temprano, a los quince años, sintiendo la bullente vocación trasmitida por generaciones de familiares de origen catalán, que habían sentado real en aquellas tierras por razones religiosas, ingresa en la Academia de Artes de Munich, la capital bávara.

Más tarde es incorporado a la expedición del explorador barón Von Langsdorff, quien necesitaba de alguien que, ajeno a especulaciones e impulsos, describiera al dibujo las muestras naturales con exactitud, como cuadra al rigor científico. El exigente explorador encontró en el joven artista la persona adecuada para su expedición al Brasil, donde llega en 1821.

Su paso por el Imperio del Brasil

Pero el trópico ubérrimo y expansivo pudo más en la sensibilidad romántica de nuestro amigo, en sus eclosivos diecinueve años; entonces, movido por intereses de propia exploración se aparta de von Langsdorff para viajar por su cuenta y riesgo con el propósito de apuntar a mano alzada bocetos y acuarelas de un mundo extraño al suyo, latitudes más bien templadas y frías tan opuestas a las del lejano tropical Brasil, que ahora sentía bajo sus pies. De regreso a Europa, se publica en Paris el producto de este trabajo en francés, Voyage pinttoresque dans le Brasil, y en edición alemana bajo el título Malerische Reise in Brasilien (Viaje de pictórica en el Brasil, o Viaje pintoresco en el Brasil, que para el efecto la precisión alemana no tiene parangón castellano), con un centenar de planchas litografiadas, editado al cuidado de Engelmann. La demanda obligó a una edición en formato menor y tan solo cuarenta cuadros, se trata de Merkwürdigste aus der malerischen Reise in Brasilien (Lo más notable del viaje pintoresco en el Brasil).

 Plaza mayor de Lima

 Plaza mayor de Lima, Rugendas. Óleo, 1843

En circunstancias de su presencia en París conoce al barón Alexander Von Humboldt, el sabio naturalista conocedor de la América equinoccial, quien interesado en las pulcras láminas de plantas, hojas, helechos, tallos y flores de la vasta herbaria traída del Brasil, recogidas por el pincel de Rugendas, le prodigó su aplauso y protección. Contagiado de viva nostalgia y aventura retorna para América. Esta vez visita Haití, México, Chile, Perú, Bolivia, Argentina y el Uruguay, para lo cual elabora un Fahrplan (Plan maestro).

En México

Su presencia de algo de tres años por México y los estados de México, Michoacán, Hidalgo, Guerrero, Puebla, Veracruz, Jalisco y Colima, son motivo de más de 1600 piezas, entre apuntes y cuadros de costumbres. Pero sería en México donde tendrían lugar dramáticas experiencias personales que le pondrían al borde de la muerte; la primera cuando le atacó el cólera, peste que azotaba el hermoso país del mezcal, el tequila y las tortillas de maíz; la monumental Teotihuacan y su singular pueblo. La segunda cuando, en su afán de poner a salvo a dos conspiradores contra el general Ambrosio Benavente y permitirles la huída, es encarcelado por dos meses y luego expulsado del país. Su obra en aquellas latitudes quedó registrada enLandschaftsbilder und Skizzen aus dem Volksleben von Mexico (Paisajes y bosquejos de la vida popular en México) editada en Darmstadt, Alemania, en 1855 y en Londres en 1858.

En Chile

Pone dirección entonces a la costa mexicana del Pacífico en 1834. Embarca en Acapulco con rumbo a Chile donde ingresa por Valparaíso. Permanece en tierra mapuche, más allá de lo proyectado, cautivado por la belleza del paisaje y lo nativo.

En Santiago es acogido generosamente y, posteriormente, habría de quedar atado sentimentalmente a una dama de Talca, doña Carmen Arriagada de Gutike, esposa de un ex oficial prusiano fugado de Prusia por haber dado muerte en duelo a un superior jerárquico. Eduard Gutike, había pertenecido a la expedición libertadora de San Martín al Perú; herido de bala perdió el uso de una pierna.

Rugendas se avino a una apasionada y clandestina aventura, que terminó con el retiro de la amante en una casa religiosa. 

También en Chile su producción es generosa; más de 850 láminas, entre óleos, acuarelas y bocetos se registran allí. Retrata a lo más graneado de la sociedad santiaguina; a él se deben vistas de las obras del tajamar en las riberas del Mapocho, ceremonias patrióticas, una colección de trajes típicos; fiestas populares, escenas de estancia y campo pintadas con destreza y experta ejecución.

Llevado por su espíritu apasionado conoce y emprende amores con una bella joven de Valparaíso perteneciente a una acaudalada familia. Pero, doña Clara Álvarez Condarco, apremiada por la familia dada la naturaleza de esos amores, para no avenirse a una eventual unión, rompe por carta con Rugendas y así termina en fracaso esta nueva relación.

En el Perú

Agregamos a lo expresado en el exordio, que nuestro artista, viajero en estas precarias condiciones sentimentales, o como consecuencia de ellas, decide emprender su proyectado viaje al Perú, a la tierra donde el Sol había sido Dios.

En Lima, José Mauricio se convierte luego en retratista en su mayoría de personajes extranjeros; hace apuntes del Puente de Montesclaros o Puente de Piedra, la Alameda de los Descalzos, mansiones de Lima y ranchos de Miraflores y Chorrillos; de muchas calles de Lima -precisamente, en una de aquellas llamada Puno moraba por esos días un niño que alcanzaría fama como tradicionista, don Ricardo Palma-; escenas de campo y costumbres; beatas, mulatos, negros, indígenas, mendigos y cuanto personaje pintoresco aparecía a sus ojos eran pan de sus pinceles. Viaja por Puno, Cusco, Arequipa, Tacna y apunta a su paso.

Itinerario del pintor – viajero por América:

Río de Janeiro – Minas Gerais – México- Xalapa – Orizaba – Puebla – Cuernavaca – Morelia – Manzanillo – Acapulco – Valparaíso – Santiago – Talca – Constitución – Santiago – La Serena – Cruce de los Andes – San Luis – Santiago – Callao – Arica – Tacna – Lima – La Paz – Cuzco – Arequipa – Valparaíso – Montevideo – Buenos Aires – Río de Janeiro.

Vasta y hermosa producción la de este alemán que finalmente se retira a Weilheim, a orillas del Teck en Würtemberg, donde emprendió un tardío romance que luego de algunas peripecias culminó en casamiento con la joven muniquesa María Sigl, su cariñosa Bettina, hija de un acomodado fabricante de tejidos de aquella localidad.

Pero el recuerdo de su paso por el continente sudamericano le hizo escribir estos sencillos versos producto también de la soledad, el abatimiento y la nostalgia:

Construí un puente en mis pensamientos, hacia el ancho, ancho mundo. De la cima de los Alpes hasta la lejana cordillera de los Andes.

Un ataque al corazón lo retiró de la vida el 29 de mayo de 1858, antes de cumplir un mes de su boda. Yace sepulto en aquel pueblo de Baviera del Norte.

Fuentes:

- Juan Mauricio Rugendas, El Perú Romántico del siglo XIX, Editor Carlos Milla Batres. Lima, Perú 1975.

- Internet - Wikipedia:

viernes, 30 de diciembre de 2016

Un palacio veneciano


En las primeras décadas del siglo XIX, un vecino de nuestra ciudad se encontraba de viaje por Europa visitando las antiguas ciudades y sedes de las monarquías que aún se enseñoreaban en esa parte del mundo. En su viaje llegó a la ciudad de Venecia donde quedó enamorado de su bella arquitectura y sobre todo de un hermoso edificio gótico cuya construcción se había iniciado en 1200 y que era el orgullo de los habitantes de esta bella ciudad: el palacio Ducal.

Cuando regresó a Lima hizo construir en la parte posterior de su casa -que daba al río Rímac- una replica de la fachada de ese fastuoso palacio veneciano. Era la casa del Conde de la Vega del Ren o también llamada Casa Concha-Atete por los apellidos de los últimos propietarios descendientes de este Conde decimonónico y romántico. Quedaba esta casa donde hoy se encuentra la Alameda Chabuca Granda y donde antes estuvo el campo ferial Polvos Azules.

Pero, ¿Qué paso con esta bella casa y porque ya no existe? Cuenta Juan Ugarte Eléspuru lo que sucedió con este bello palacete, versión que el recogió del último habitante descendiente del viajero Conde de la Vega del Ren, en uno de sus libros dedicados a Lima. Un vecino rimense -al otro lado del río y frente a la casona- encontró un túnel que lo llevó por debajo del lecho del río hasta una bóveda bajo la casa donde encontró un “tapado”, tesoro compuesto por joyas y antiguas monedas de oro. Con esta recién adquirida riqueza este afortunado vecino rimense compró una casa en el centro de la ciudad, que la decoró con mucho lujo y le puso su nombre: la Casa Barbieri.

Esta versión de tesoros subterráneos llegó a oídos de funcionarios del gobierno de entonces (años 40) que ávidos de hacerse de estos, idearon muchas maneras de hacerse con la propiedad. Finalmente, un “proyecto” de playa de estacionamiento con el nombre de Playa Rímac hizo posible la expropiación y demolición de esta casona y su espectacular fachada veneciana que daba al río Rímac.

La playa Rímac fue ideada para descongestionar la Plaza de Armas de los autos que solían estacionarse en ella, pero no tuvo éxito y los autos aun se estacionaban en la plaza mayor hasta los inicios de los años 80. Luego la historia ya es conocida: sobre ese túnel se levantó un campo ferial y hoy es un espacio público de cómicos ambulantes y dulces típicos.

Compilado

domingo, 27 de noviembre de 2016

Corongo


Corongo está a 591 km de Lima, vía el Callejón de Huaylas

Es la provincia más pequeña de Áncash pero es la más grande en acervo cultural

Corongo no se dejo avasallar por el progreso: Mantuvo su cultura, sus danzas anteriores a la Conquista, el llajuash (una variedad del quechua) y no toleran ni borrachitos ni ladrones.
Llegar a Corongo es una maravillosa aventura porque se debe recorrer el Callejón de Huaylas de punta a punta antes de enfrentarse a los 35 túneles del Cañón del Pato. En el caserío de Huarochirí, la carretera afirmada se aparta del rio Santa y trepa hasta la exultante meseta que acoge al pueblo de La Pampa, famoso por su cuy chactado. Después se toma por asalto Corongo (3,141 m.s.n.m.), pueblo que se hizo conocido por sus pallas, danza ancestral que constituye su savia, su vitalidad, su pasado y su futuro. Hasta Maju Mantilla lució una pieza palla al coronarse como soberana mundial de belleza en el 2004.

No obstante, es terriblemente injusto definir a Corongo solo por sus pallas. Es una reducción inaceptable. Es uno de sus pueblos donde el ´pasado siempre está presente, pero con dignidad y buen gusto. Desde sus sobrias puertas y sus balcones de madera tallada, sus acogedores patios interiores, su mar de tejas, sus calles empedradas, hasta el exquisito puente de calicanto. Y desde el mirador de San Cristóbal, en medio de ondulantes trigales, se tiene una soberbia vista del nevado Champará. En la parte alta, lagunas de notable belleza terminan de pincelar este paraíso.

El alojamiento se hace en el Hotel Municipal y en el Hostal Marreros. Las pallas danzan exclusivamente en Junio, (27, 28 y 29) en la fiesta de San Pedro.

Roque Puell López Lavalle

lunes, 31 de octubre de 2016

¿Qué comían los peruanos en el siglo XIX?


Los limeños eran amantes de los guisos, las frituras y el picante. Esto sorprende al viajero alemán Ernst Middendorf (1894), quien en sus cuadernos de viaje dejo registrada la costumbre culinaria de los limeños del siglo XIX.

Ernst Middendorf, en su obra "Perú, Estudio del País y sus Habitantes" escribe: "se cuenta con una gran cantidad de fondas peruanas en las que se cocina a la manera nacional y cuyos platos son, en su mayor parte, estofados o guisados a fuego lento con mucha pimienta y grasa. Junto a las fondas en las que solo se preparan guisos calientes, hay que mencionar a las picanterías, donde generalmente se sirven comidas frías: aves, jamones, salchichas, pescado en escabeche, camarones y ensaladas, todo fuertemente condimentado con ají, de donde se deriva el nombre de estos locales... El extranjero se familiariza no pocas veces con el ají, pero difícilmente aprende a vencer su repugnancia por el olor a ajo que despiden muchos guisos".

Los habitos alimenticios de una familia de clase media limeña evidenciaban una inclinación por la abundancia de potajes y la contundencia de los mismos. Middendorf refiere que los limeños de esta clase social "por lo general no se apresuran en comer. Rara vez se acuestan antes de media noche, por consiguiente los señores no se levantan hasta despues de las siete y media... La servidumbre de una casa se compone por lo menos de tres personas, un cocinero, un mayordomo y una muchacha o auxiliar de la señora. Los sirvientes por lo general son cholos o zambos, con excepción del cocinero, que frecuentemente es chino y excepcionalmente francés... El cocinero, que no duerme en casa, llega a las ocho con lo que ha comprado en el mercado; enciende el fuego, pero sólo para poner carne para la sopa, pues los demás guisos para el almuerzo, no exigen mucho tiempo y su preparación se lleva a cabo más tarde... Aparece luego el panadero,... la lechera... y la frutera... Los hombres van a sus negocios y regresan para el almuerzo, que tiene lugar, generalmente entre diez y media y once y media".

Era un almuerzo francamente opíparo, y consistía "en una comida caliente completa, aunque se come menos que de noche y no se toma vino. Ricos o pobres consumen más o menos los mismos platos, que sólo se diferencian por la preparación más cuidadosa. Se comienza con un caldo de carne, que se sirve con pedazos de yuca que ha hervido con la carne (sancochado). La yuca es... insípida en sí misma, pero sancochada con la carne toma un gusto agradable, y la gente la come sin hastiarse, como el pan y las papas, en el consumo diario. Después del sancochado se ofrece generalmente algunos platos de estofado que cada uno deja pasar según su apetito. A todo esto siguen bistecs o chuletas con huevos, papas fritas, arroz y plátanos fritos. Se termina con café o té. En lugar del sancochado, se presentan a veces dos platos característicos del país: la cazuela y el chupe. La cazuela es una sopa picante, preparada de diversos elementos, cortados todos en pequeños pedazos como: carne, maíz, y arvejas frescas. El chupe lleva leche en lugar de caldo de carne, y se cuecen pequeños trozos de pescado, camarones, papas, camotes, y mote, servido en un solo plato y muy caliente". Después del almuerzo es cuando comienzan propiamente las actividades. Los comerciantes se dirigen a sus despachos, los empleados a sus oficinas. A las cinco de la tarde se cierran los locales de la administración pública y hacen lo propio los negocios una hora después".

Y ¿Qué mejor que una reparadora comida después de un día de trabajo?: A las seis y media, en la mayor parte de las casas, se sirve la comida principal. Los dos primeros platos consisten siempre de sopa y pescado ... Después del pescado siguen otros platos preparados a la manera francesa o a la del país, estofado, frituras, y picantes. Luego viene el asado, que es el plato más débil de la comida, pues la carne de res es en Lima, por lo general, mucho menos jugosa y sabrosa que en otros lugares de la República, probablemente porque el ganado sufre en el traslado al ser conducido... Después del asado vienen los platos dulces, gelatina y frutas confitadas, en cuya preparación son muy hábiles las mujeres. La comida termina con frutas frescas. Las más finas de las frutas del país son las chirimoyas, la granadilla, la piña y la palta. 

A eso de las ocho se termina la comida y uno se dirige a la sala. Los hombres salen entonces, ya sea a su club o a hacer visitas. Las mujeres generalmente permanecen en su casa y esperan a sus amistades. La influencia de los chinos y su comida a finales de este siglo XIX enriquecería nuestra variedad culinaria.

Fuentes:

Ernst Middendorf, Perú, 1973
Mariella Balbi, La Historia de los chifas en el Perú, 1999

martes, 27 de septiembre de 2016

El Dia de los Inocerntes

Esta es una antigua costumbre en nuestra ciudad y consistía en jugar una broma, muchas veces de mal gusto a nuestro prójimo. En su obra "Lima Antigua", publicado en 1890, Carlos Prince ya nos da detalles de lo degenerada que era esta costumbre.


"Este es el petardo mas enorme y fenomenal que podía imaginar el explotaje, y que debía bautizarse con el nombre de abuso de confianza, pues en esta degeneraba ya la abusiva costumbre del día de los Inocentes" "Era el caso que yendo ese día a visitar a cualquier familia, una las niñas le decía al visitante: "Señor Don Zutano, hágame usted el favor de prestarme diez pesos hasta luego." También solía hacerse la misma demanda de la manera siguiente: "Que bonita prenda tiene usted, permítala usted para verla."

Si el acometido de alguno de estos modos prestaba el dinero o daba la prenda, sin decir, por vía de advertencia: "Hago esto fuera de inocente", entonces, cuando llegaba a su casa, se encontraba allí con una corona de yerba, acompañada de los siguientes versos:

"manda Herodes a su gente que quien preste en este día, lo pierda por Inocente"

Con esta formula, el que ignoraba esta costumbre extravagante, o se olvidaba del día que era, quedaba robado, de la manera mas tonta y sin reclamo de ninguna especie.

Origen

La celebración del día de los Inocentes es una tradición que tiene los orígenes en la leyenda de la matanza de niños que ordenó el rey Herodes con el objetivo de asesinar al Niño Jesús. También, esta fiesta popular tiene un origen pagano que nació en la Edad Media, cuando durante este día, preludio del Carnaval, el desenfreno y el jolgorio eran los protagonistas, ya que todo estaba permitido y la culpa no recaía en nadie. Hoy en día, la fiesta tiene un sentido pagano, en el que las personas se hacen bromas y engaños. Este día también es costumbre que los medios de comunicación publiquen una noticia falsa e inverosímil, que los lectores tienen que averiguar. Al día siguiente, los medios de comunicación desvelan cuál era la noticia errónea.

Fuentes: Carlos Prince, Lima Antigua, 1890